El Desierto (4)

Hombría descarada

 

En los Estados Unidos, y hasta donde yo sé, no está bien visto el rollo de la violencia domestica; tengo también cierto entendimiento a priori de que tal premisa puede despertar pasiones torrenciales, ya que podría interpretarse como que se le está restando seriedad al asunto. Sin embargo hay que recordar que en otros lugares del planeta (potencialmente del universo tambor), ya sea mal o bien visto, el rollo de la violencia doméstica es parcialmente aceptado por la sociedad de manera implícita—así como usualmente lo es en esos mismos lugares la palabra de dios; más no la gravedad, evolución o ciencias exactas.

Y lamentablemente para mí, como aficionado al deporte y a la vez como ser capaz de consciencia y entendimiento humano-social moderno, sucedió recientemente que ese veneno del abuso a la pareja permeó los umbrales de organizaciones a las cuales aprecio (a mi manera cuasi-fanática) y, sinceramente, la respuesta obtenida hasta la fecha por parte de las mismas me ha dejado atónito.

Nótese que no digo aquí que la situación está gacha por el hecho de que asuntos de violencia doméstica hayan pasado repentinamente a la primera plana en el mundo del deporte. No, no va por ahí el asunto. Es más bien una exposición de lo visto, a través de los ojos del fanático, y de cómo tales sucesos atentan contra los bloques más internos de la fundación humana que tenemos como individuos.

 

Para eso mismo, me parece debo hacer un pequeño preámbulo (pero conciso y bien escrito) de lo sucedido:

Como mencioné lo ocurrido es algo tentativamente reciente. Sin embargo, el hecho de que haya grandes cruces respecto a violencia doméstica/deporte, no lo es. Eso mismo no es algo reciente, no es algo nuevo, no estoy insinuando que descubrí la curvatura del planeta ni tampoco supongo el hecho de que sea algo exclusivo ya sea del mundo industrial o de las naciones en desarrollo.

Esto sucede increíblemente desde los equipos de futbol en Brasil, donde la reverencia al deporte es vista con tintes religiosos y/o nacionalistas; hasta la NFL en los Estados Unidos, mismos tintes, donde cada temporada aparecen nuevas acusaciones contra dos o tres (docenas) de jugadores.

En lo que respecta al hemisferio sur americano, podemos traer de la memoria reciente los haceres y deberes de un club Brasileño, mismos que fueron bastante mal manejados. Aquí hablamos de Boa Esporte, club de la segunda división en Brasil, que decidió contratar al portero conocido monónimamente como Bruno, quien había estado en la prisión por un rato antes de ser contratado.

Quizás Boa Esporte pensó que sería bien vista la contratación, que sería una de esas historias donde, de manera por demás agraciada, deciden dar una segunda oportunidad al pobre Bruno y al final de la temporada todos reirían y celebrarían la visión tan generosa de sus directivos al arriesgarse con el portero del pasado criminal.

El asunto aquí es que Bruno se encontraba preso al haber sido encontrado culpable de ser el cabecilla de una conspiración criminal; operación que culminó con el asesinato y desmembramiento de una Eliza Samudio, los restos de la misma habiendo sido dados a los perros para que desapareciera cualquier rastro de su persona. Y todo esto debido a que Eliza Samudio fue, de acuerdo a la evidencia y al vox populi, amante por amplio tiempo de Bruno y terminó dando a luz un hijo concebido a consecuencia de dicha relación. Bruno negó a su amante e hijo, como suelen hacer los hombres, y después formó su grupo de conspiradores y asesinos.

Mientras que en el primer mundo los Gigantes de Nueva York (#GoGiants!) no contrataron a un asesino de cónyuges, sí se vieron también envueltos en una controversia repugnante y vergonzosa respecto a uno de sus jugadores “emblemáticos”. Uno podría decir que no existe paralela alguna; pero de todas maneras, lo que sí hicieron fue ocultar la verdad respecto a la vida de su pateador, Josh Brown, quien había abusado a su esposa física y verbalmente.

Pero no es solamente el hecho de ocultar la verdad, apuntar el dedo índice a otros hasta el cansancio y conspirar para silenciar a las víctimas con amenazas difamatorias. No, no es nada más todo eso—que ya es bastante malo en una escala moral de buen samaritano—lo que embarra de mentira el logo tan bonito azul, blanco y rojo de les géants.

Está detrás de todo eso la verdad inescapable de que el dueño de dicha organización, un fulano llamado John Mara, escondió la verdad admitida por parte de su jugador y, para que suframos más anonadación, lo recompensó ofreciendo una extensión a su contrato a la tonada de 4 millones de dólares—que a mi entender, es lo que sucede con todos los hombres que abusan a sus esposas.

 

Pero bueno hablemos ahora del Bayern Munich y sus fans, que ellos fueron quienes me rompieron el corazón de manera más reciente.

No obstante todo lo anteriormente mencionado (y al sinfín de conocimiento que puede adquirir uno a través del Internet), a uno de los jugadores del Bayern le dio por sentirse muy hombrecito mientras reñía con su esposa por cuestiones de dinero (hasta donde yo sé), al punto que las autoridades locales intervinieron en dicha disputa. Este jugador, Kingsley Coman, joven promesa francesa, admitió ante las autoridades que lo sucedido, o más bien, las acusaciones ante su propia persona son verdaderas—admite culpa vaya.

Pero, al parecer no basta que un hombre por su cuenta vaya y ande con sus impulsos eyaculativos de violencia y pocas palabras para perjudicar la imagen de un club deportivo que procura mostrarse siempre eficiente, cortés y honroso. No, para echar sal en la herida tienen que llegar los fanáticos a empeorar completamente el asunto y entre ellos mismos (no obstante las admisiones de las partes interesadas, y no obstante no hayan estado ellos ahí) defender y culpabilizar a quienes les convenga.

¿O sea?

Andan tirando shit a diestra y siniestra diciendo que nada es culpa de Kinglsey. Pobrecito. La única culpa que tiene, si les creemos a los del club de fans, es haber contraído matrimonio a los 19 años de edad. Y eso, de acuerdo a la lógica de ellos (los demás pues), lo excusa de la violencia doméstica—como lógicamente sucede con todos los hombres con tantita feria arriba del promedio.

Nuevamente, tengo la consciencia suficiente como para admitir que yo no estuve ahí y por lo mismo no puedo de manera definitiva dar o quitar culpa, como no puedo ni sentenciar ni perdonar sin que el sistema legislativo local al conflicto tome cartas en el asunto. Sin embargo, lo que sí me parece indicativo de algo, es la disposición del joven Kingsley de admitir culpa y, voluntariamente, proponer su declaración de culpabilidad en un tribunal francés por adelantado.

No le digan eso a los del club de fans por que, como mencioné anteriormente, la culpa es de otros…

Y bien, también debo aclarar el hecho de que—y esto no lo sabía yo—en Francia, las leyes también definen como violencia doméstica, disputas respecto a finanzas, o, el privarle a la pareja el acceso con paridad a oportunidades financieras o dineros ganados. Y esto lo digo por que después salieron a la luz otros reportes respecto a la naturaleza de la disputa entre monsieur Coman y su joven esposa, diciéndonos que la joven trató de accesar la cuenta de instagram de Kingsley para promover algún producto a cambio de una buena cantidad de euros, Kingsley se negó con vehemencia y, como sabemos, a final de cuentas las autoridades fueron llamadas.

¿Excusa ese trasfondo las acciones de Kingsley Coman? Yo digo que no. Y no por ser mártir o víctima o sumiso o por sufrir de falta de huevos. Lo digo por que el asunto de la violencia doméstica afecta a todas las personas, a unas más que a otras debido a las experiencias individuales, pero igual afecta.

Y, lamentablemente para mí como fanático, el hecho de que nadie (ni fans ni directivos) dentro del universo rojo en Munich diese la cara o, como mínimo, una declaración por escrito me hace sentir traicionado.

Una cosa es ir y perder en España contra el Club Atlético Madrid, contra el Real Madrid o el Barcelona; otra muy diferente, es esconder o ignorar a conveniencia las noticias negativas y las acciones negativas de sus jugadores. Quizás no es una “traición” clara a los fanáticos del club, pero sí lo es a la sociedad de la cual los mismos fanáticos y miembros del club deportivo forman parte…

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