Las crónicas de Don Chon (5)

Ca-ca-ca-ca-cambios

[Sepa el lector que el título es un intento de traducción y juego de palabras basado en la canción Changes del hoy difunto artista David Bowie]

 

Ahí donde la ven hay cosas que son y pueden ser, pero la permanencia universal es usualmente concretada (y concentrada) en lo que a ciencias exactas respecta. Por lo que me parece por demás curioso como las personas tratan de utilizar constantes matemáticas transportadas a temas sociales o de convivencia humana, siendo que objetivamente no sería posible darle tales usos.

Otro de los—a mi ver—errores que cometemos los seres humanos, en lo que a permanencia y absolutos se refiere, es tratar de aplicar los mismos a las masas deportivas de fanáticos y atletas. Mismo bolo que tiene una relación simbiótica por demás mayor a la que tenía Spiderman con Venom, Ernesto Zedillo con Salinas de Gortari o Hermes con Zeus.

Es, en mi opinión, como si las personas no quisieran aceptar que las cosas cambian, que de un día a otro se puede retirar un atleta, puede perder un equipo, puede coronarse otro campeón; y a la temporada siguiente puede pasar lo mismo, pero con los nombres y los colores cambiados. Es decir, la permanencia tampoco aplica en los deportes.

Y, por mucho que les duela a las personas—o les arda, dependiendo de que parte de Latinoamérica sean los observadores imparciales—que existan esos cambios y movimientos tectónicos, en lo deportivo y social, hay que exponerlos, asimilarlos y aceptarlos; que hasta en la CONCACAF suben y bajan los equipos por el tobogán de la vida y las jerarquías…

 

Y sí (dirían algunos miembros del Real Zamora), así son las cosas. Por que por más mierda que le quieran echar a un tal Juan Carlos Osorio, no existe constante alguna de permanencia en el deporte que él haya quebrantado. Mucho menos en un ámbito deportivo tan viciado como lo es el del fútbol asociación.

Y no nomás estamos hablando de las barrabasadas que ocurren en CONCACAF, en la Liga MX o en FeMexFut; que ahí está la MLS borrando el ascenso y el descenso de sus planes a futuro, ahí está US SOCCER pidiendo transferencias de jugadores de otras federaciones a la suya para que puedan jugar los mismos en Rusia 2018, ahí está también La Liga española y la pasarela sin fin de jugadores que abusan del sistema fiscal/tributario. En fin.

En mi opinión, nos daríamos por bien servidos si decidiéramos entender que nadie es inmune en estos asuntos. Pero no. Prefieren indignarse, armar un escándalo y buscar chivos expiatorios extranjeros cuando le pasa algo al Tri.

Y luego peor tantito si es que México es eliminado por Jamaica, porque ya se ponen más cabrones todos los miembros de la perrada. Diciendo que se está malogrando el buen nombre de la selección nacional (y del país) cuando pasan esas cosas—¡Ah! Pero no vaya a ser que el aficionado vaya a mentarle la madre al técnico en público, que ahí está defendiendo a la patria nomás (‘ta weño).

Salen analistas, comentaristas, hasta ex-jugadores a hablar en contra del técnico, los federativos, las secuelas religiosas de la conquista española en la Nueva España, y del técnico; en fin, de repente se vuelven expertos en lo geopolítico-social. Les da amnesia, también hay que admitir, ya que salivan añorando las épocas doradas del Tri antes de que fueran manchados los buenos recuerdos por unas manos llenas de café.

Pero yo pregunto, ¿a que época dorada se refieren? ¿a los días en que México se encontraba entre el top 10 del ranking internacional de FIFA? ¿acaso respecto a El Tri que fue alguna vez ganador de una copa mundial en las últimas dos décadas y hoy ya no lo es?

Señores—y señoras también, que de seguro también le han de mentar la madre dos que tres madres (e hijas)—esa nunca fue la realidad. Esa gloria y esa época de oro, no han sucedido aun, están extrañando un pasado que no ha existido.

 

Pero bueno, esas son cosas que muchas veces uno las habla fácilmente; pero a la hora de la hora—machín rín, dirían las personas de la colonia Cuauhtémoc en Hermosillo, Sonora—cuesta mucho trabajo aceptar la realidad y acatar ordenes y hechos.

Lo digo por que hasta a mí—en papel de narrador y protagonista—me ha pasado. Más recientemente en el nuevo torneo al que fue inscrito el Real Zamora, donde en la primera jornada me di cuenta que sufrí un cambio de posición sin haber sido consultado.

’Ora wey, tú vas a la delantera y yo entro por ti ¿va?”—fue lo que me dijo el Calvo Aboytes cuando estaba alineando al equipo, ya dentro del campo. Encima de eso, también me tocó juntar el dinero para el árbitro durante el medio tiempo, ni pez.

El resultado final fue una victoria 2-1 favor al Realito, lo que nos adjudica los primeros tres puntos del nuevo torneo; mismo que se decidirá a base de puntos después de 12 jornadas.

Don Chon, quién ya regresó como patrocinador y espectador, dice que la nueva alineación del equipo: “’tá bien”. Y como a mi no me parece tanto se lo dije y le expliqué como las ultimas posiciones en las que jugué futbol asociación de campo fueron en la defensa central, que de delantero no juego desde los tiempos de la preparatoria (cuando comenzó el milenio).

El abarrotero nomás me escuchó todo lo que le decía.

’Ira,”—comenzó seriamente Don Chon—“la verdad que yo sigo pensando que está bien”.

Expuso Don Chon un punto clave al decir que sí, quizás yo me siento más a gusto dentro del campo en la posición de defensa central; pero, si el equipo se va a estar alineando solamente en base a como me encuentro más cómodo, entonces ya tenemos las de perder desde el inicio. “Chanza”—prosiguió el buen hombre—“y lo que quieren es jugar de otra manera”.

Con un poco de introspección, análisis y memoria, puedo estar de acuerdo con Don Chon en ciertos puntos. Ya que al plantarme en la delantera, sí jugó de manera distinta el equipo. Y no lo digo por que yo sea el factor clave y el que dictamina cuantos pares son tres moscas, sino debido al hecho de que al utilizar otra línea defensiva, da lugar a otra escuadra de mediocampistas; ambas líneas jugando de manera muy distinta a como había estado jugando nuestro cuadro bajo en las ultimas jornadas del previo torneo.

Entonces, aquí lo indicativo es que si el resto del equipo se concretaba y aplicaba una adaptación posicional y de jugadores, entonces ¿qué me previene aceptar una posición como delantero?

Admitir sinceramente que no soy ni un Zlatan, ni un Cantona, ni mucho menos un Chichadeus—que todos sabemos sólo hay uno—, no es excusa para mostrarme en desacuerdo con el equipo y sus directivos. El requerimiento mínimo, es tratar.

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Me pareció acertado el comentario de Don Chon. Pero a la vez curioso. Curioso como una persona puede tan perceptivamente captar esos detalles del deporte y explicarlos a aquellos quienes lo tienen tan de cerca. Curioso como una persona capaz de captar todo lo anteriormente mencionado se muestra tan renuente a aceptar que la realidad de México como potencia gigante, quizás ya es añeja al punto de necesitar retirarse.

Pero no debe ser tan sorpresivo, por qué de igual manera como internamente puedo sentir que soy mejor defensa central que delantero; hay una infinidad de personas que hasta la muerte sentirán que México (o el equipo nacional de su predilección) es mejor, no nada más que Jamaica y Honduras, sino que es hasta mejor que Francia, Argentina y Alemania.

De igual manera (por infinitésima ocasión), de un día a otro le dio a Don Chon por cerrar el changarro y mudarlo a otros rumbos. Y ahí sí: sin consulta, sin preguntas, sin dar los buenos días o las buenas noches; nomás avisando cuando se encuentran con el changarro vacío los derechohabientes.

Bien dicen: “cambios…”

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El licor está cerrado…

Las crónicas de Don Chon (4)

DE AQUELLOS TIRONES FAMILIARES

 

Fue hace unas dos semanas que sufrí un tirón en el tendón de la corva al jugar la contienda semanal de los lunes con el Realito, por lo que ese fin de semana no asistí a los entrenamientos requeridos de un equipo semi-amateur en el sur de California—entiéndase que los mismos consisten en ir al parque individualmente y patear la número 5 contra una pared.

A donde sí asistí, sin embargo, fue a la galería semanal de Don Chon INC, S.A. de C.V., donde de manera gratuita, siempre y cuando consumas lo que compras del establecimiento (compra requerida para la entrada cabe mencionar), te permite el buen abarrotero observar los juegos de la Liga MX, el Tri y la Selección Nacional Mexicana; a veces, estos últimos dos al mesmo tiempo.

Y como en la actualidad de esos momentos estaba sucediéndose la Copa Oro (o Gold Cup, dependiendo de donde sea uno), pues no había la verdad mucha tela de donde cortar…

 

Para dejar bien claras las cosas, no es que haya sido víctima de una entrada violenta o que me haya lesionado en un encontronazo súbito; no, todo es debido a las posiciones. Y es que de unas semanas a la fecha, casi como un mes más o menos, por fin descubrieron los entrenadores del Real Zamora (equipo también conocido como Realito, o El Realito) que mi posición ideal, en los juegos de 11 contra 11, es en la defensa central—siempre y cuando el equipo esté alineando una línea de cuatro al fondo.

De esa manera, y dentro de esa alineación, me es posible posicionarme delante del central que funciona como base o ancla (el que cuida la línea diría Rafa Puente del Río); y, si es necesario, ocupar el espacio del lateral derecho cuando suba este por las bandas o llenar el espacio detrás de los jugadores de media cancha para propósitos de recuperar el balón o intentar detener los contragolpes, que tanto daño le causan al Realito.

El hecho de que haya sufrido una lesión leve no es nada del otro mundo (me dijeron los paramédicos en el campo de juego), siendo que dentro de las filas del Realito ya ha habido víctimas de rotura de los ligamientos cruzados, esguinces, ruptura en el músculo pectoral, desgarre testicular y/o de escroto, mordidas de perro, y, en una ocasión por demás aparatosa, un diente astillado.

Me parece a mí—como narrador y protagonista—meritorio de ser mencionado el hecho de que yo mismo fui con el entrenador del equipo, el Calvo Aboytes, a decirle que me pusiera en la defensa central; esto después de que me comieran vivo como por mes y medio jugando como lateral izquierdo.

No obstante las victorias morales dentro de la institución Real Zamora, como se encontraban otros equipos jugando los playoffs, al Realito lo estaban invitando a jugar amistosos para que no se usaran los campos por personas ajenas a la liga.

Así que lamentablemente (o quizás para buena fortuna), mi lesión ocurrió cuando el equipo ya no tenía nada por jugar—al punto de que en el partido donde sucedió mi lesión, los trofeos que NO nos ganamos estaban a la espera de un ganador (el cual no seríamos nosotros). De igual manera, lamentablemente (en lo personal), sucedió mi lesión cuando ya me estaba afianzando a la posición que sí sé jugar: ¿o sea? caí rendido después de que por fin—como secretamente soñaba—se me permitió jugar los partidos enteros sin salir substituido de la cancha.

Oportunidad que parece ser, dirían observadores independientes, aproveche a medias nada más.

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Ahora, regresando a temas de actualidad—y al nexo de mis historias que implican a mi amigo de los abarrotes—, cabe recordar que como mencioné, asistí a la tienda de Don Chon a ver como quince minutos de partido entre MEX y CUR (México y Curazao pues).

Me parece que queda claro que a Don Chon le gusta mucho el fut—dice mi amigo que si no se hubiera chingado la rodilla cuando se cruzó el borde que a lo mejor le hubiera hecho la lucha para ganarse un llamado a la selección. Esto en parte, he descubierto, por que las contiendas futbolísticas le dan quebrada para recordar, en voz alta, que su tío de Jalisco (de Zapopan me parece que dijo) jugaba para la selección en los tiempos de blanco y negro, y que por eso el nunca va a abandonar al tricolor.

Esto último me parece que Don Chon lo dice por temas personales; ya que el hijo de una de sus primas, siendo ella también de Michoacán, a pesar de tener apellido paterno y materno en su identificación estatal—y ser de esas personas que muchos dicen, de manera por demás cabrona: “trae el nopal en la frente”—ha proclamado el muchacho que su equipo no es el Tri; en realidad, es aquel descrito por Diego Balado como: “el equipo de todos”, es decir, el de las barras y las estrellas (USA! USA!).

Dijo Don Chon una vez que no es por ahí el asunto, que cada quien haga lo que quiera en búsqueda de la felicidad (siempre y cuando no sea agarrar una bolsa de sabritas y pedirle a Don Chon que las apunte, por que eso no se hace). Argumento que suena bien progresivo y tolerante; pero si recuerdo bien, una vez me parece que dicho muchacho y otros de sus primitos llegaron a los abarrotes, mientras yo buscaba una soda de toronja, para solamente ser regresados por Don Chon bajo pretextos de que tenía que cerrar tantito el changarro—pero con voz quedita y entre dientes le espetaba al muchacho que se cambiara la camiseta (traía el joven pre-adolescente una jersey Nike blanca con el apellido DEMPSEY en el dorsal).

No le dije nada a Don Chon aquella vez, por que no lo conocía tanto. Pero el día del convivio para el juego anteriormente mencionado de la Copa Oro, le pregunté a Don Chon antes de que comenzara la transmisión que si no iban a venir los Chones a la tiendita a ver el partido; no hubo respuesta.

Las alineaciones fueron anunciadas, los himnos fueron cantados y el establecimiento contaba con unos 5 o 6 asistentes (incluido Don Chonás) cuando mucho. No dije nada nuevamente. Se dio el silbatazo inicial y zumbó como loco el celular Android del anfitrión y escuché como decía para si mismo: “Que la chingada”.

Pasaron 5, luego 10, y a eso de los 15 minutos de partido fuimos anunciados: “‘Orá pues, que ya vamos a cerrar”. Unas risas por un lado, un “no mam’s Don” por otro y miradas incrédulas por doquier. “No la chinguen” sentenció Don Chon y emprendieron la retirada todos buscando el televisor más cercano.

Personalmente le titubeé un poco, pensando si debía preguntarle al Don si todo estaba bien, que si que pasaba, o solamente retirarme… pero recordé lo que me mencionó Don Chon respecto al tirón sufrido: “Ira pues, es que ya depende de ti como manejes la situación, decía mi tío que cuando él jugaba no los llevaban al doctor luego luego ni tenían los aparatos de hoy día, era nomás de que te aguantas por qué te aguantas si quieres jugar”.

Palabras muy ciertas de Don Chon—digo yo, ya que no conozco a su tío.

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La hospitalidad de Don Chon

Pero sí, emprendí la retirada yo también recordando que hay ocasiones en las que uno se tiene que aguantar en el campo de juego o en el campo de la vida.

Yo no sé que mensaje haya recibido Don Chon, pero en la vida que ha llevado y ha tenido—asumo yo—, eso es algo más de lo que tiene que lidiar, y si es necesario, aguantar.

Uno no quiere lesionarse cuando va agarrándole la onda al asunto, así como uno no quiere recibir indiferencia por parte de los familiares a quienes busca uno proporcionarles mejor vida. Pero los accidentes de la vida ahí están, no pueden evitarse en perpetuidad.

Tarde o temprano, o te tropiezas o te dicen “I believe in America”—nuevamente, dependiendo la familia, que a veces son los Corleone los que dicen y escuchan ese credo.

Y será que quizás no siento ese tirón tan fuerte, tan primitivo y patriótico, de un lado o de otro que no puedo apropiadamente ponerme en los zapatos de Don Chon para ofrecer mejores consejos, pero a final de cuentas, ¿qué le puedo decir yo que me pongo camisetas de la selección nacional mexicana y encima chamarras de la selección nacional alemana?

Las crónicas de Don Chon (3)

YO SOY ESCARTAPO

[Memorias por parte del autor respecto a su participación en el grito que la FIFA busca eliminar por parte de la afición mexicana, sucedidas las mismas dentro del partido México contra Jamaica por parte de la Copa América Centenario en el Rose Bowl de Pasadena, California, un Jueves, 9 de junio del 2016]

 

Mientras corría mis vueltas a la cuadra (cuesta arriba en dirección al sur y cuesta abajo regresando al norte), buscando ganarle la carrera a la diabetes y la alta presión, me topé a lo lejos con Don Chon quien me pidió acompañarlo en lo que iba a su casa, que por qué me quería decir unas cosas.

Al ir caminando a la par del abarrotero, nació en mi el reconocimiento de saber a donde le estaba tirando Don Chon con sus argumentos; pero de igual manera, nació una pregunta que nunca antes me había interesado: “¿en dónde vive Don Chon?”. Respuesta que obtendría más adelante y solamente a medias.

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“a ver sicierto ¿no qué no?”—acusó finalmente Don Chon, regresándome a la sudada realidad. Pero pues como yo ya le había dicho que sí, entonces, ¿ni modo que no? y todo esto yo sé que me lo cuestiona por la platica anterior que tuvimos, donde salió a relucir el grito ese mañoso y latoso al despertar el portero contrario.

Sí—finalmente le contesté al hombre de corta estatura.

Fue hace como un año que sucedió, en el México contra Jamaica de la Copa América Centenario, pero a final de cuentas fue.

Por eso ni modo de decirle cosas que no son ciertas, yo ya le había dado a entender, cuando recién le había platicado que asistí al partido, que fui partícipe del cántico homofóbico. Curiosamente, por lo menos en mi experiencia, lo viví de muchas maneras, ya que fui partícipe como aficionado al Tri; pero de esos que dicen “ni madres no me importa la selección” en público, pero que ahí andan despejando la agenda cuando se dan cuenta que juega la selección y tienen compromiso previo.

De igual manera viví lo sucedido como una novedad, ya que acompañándome se encontraba mi esposa y sus compañeros de trabajo (el dueño de su empresa y asociados). Cabe mencionar que a pesar de tener todos ellos nombres y apellidos hispanos, su lengua madre es el inglés y su equipo es el de las barras y las estrellas. Sin embargo todos ellos, al llegar al Rose Bowl mi esposa y yo, comenzaron a preguntarnos, debido a nuestro experto manejo del español, respecto al grito y la manera y el momento en el que debían gritar Puto (que no hay mucho pierde respecto a la inflexión de la palabra la verdad, pero ahí andaban afinando detalles).

Dentro del estadio, en el graderío, se sucedieron uno, dos, tres despejes de meta por parte del portero jamaiquino y se escuchó una, dos, tres veces el grito. A la cuarta ocasión, cuando el portero se tomó más de la cuenta para despejar, las personas junto a nosotros extendieron sus manos hacia el portero y comenzaron ese zumbido de: “eeeeeeeeeeh”, que continúa en crescendo “EEEEEEEEEH”, esperando el despeje de portería; el cual, nuevamente, no llegaba.

Debido a la demora, la persona a mi derecha llamó mi atención con un codazo suave y me miró subiendo y bajando sus cejas, su mensaje: “únete ca’ón”. Me uní. “eeeeeeeeeeeeEEEEEEEEEEEEH  ¡Puto!”.

Risas por doquier. Mi esposa y sus compañeros de trabajo aplaudían y reían, y después aplaudían a Chichadios por habernos bendecido la tarde con un gol.

El quinto despeje de meta fue la mesma; gritamos y nos reímos todos, como cuando dicen groserías los niños imitando a los adultos. El sexto… ahí cambió la dinámica.

El portero jamaiquino nuevamente se demoró y al enfilarse a despejar, se detuvo y acomodó el balón de nueva cuenta; sin embargo, el público presente se fue con la finta y gritaron antes de tiempo.

Así que al acomodar el balón el portero, y demorarse nuevamente, comenzó el murmullo en crescendo y, nuevamente, se fueron todos con la finta ya que no despejó el amigo. Y ahí sí, despertó la perrada.

“¡Pinche negro ya le gustó ser puto!” gritó alguien del graderío y estallaron las carcajadas en la cabecera donde nos encontrábamos. Seguido todo esto por un cántico similar a una canción de Molotov.

La esposa del jefe de mi esposa nos miró y preguntó entre sonrisas: “what did that guy scream?

Nothing.

 

Supongo que pude haber sido menos dramático y decirle la verdad de lo que aquel individuo espetó, pero fue en ese momento que miré un par de filas delante de nuestro grupo, a un pequeño contingente de fanáticos de los Reggae Boyzz (la selección jamaiquina, no el grupo musical). Pero no fue solamente el hecho de verlos con sus jerseys verdiamarillas con negro lo que suscitó un cambió dentro de mi; vi también sus rostros y lo que ellos transmitían.

Había comprensión en los mismos—o por lo menos en los ojos mielosos del hombre de piel oscura y rastras con quien mi mirada se topó. Ellos sabían, con el entendimiento que el vox populi da, que la mayoría de los aficionados dentro del Rose Bowl estaban ululando algo no necesariamente positivo, no estaban nada más cantando una porra; estaban todos ellos gritando algo con agresión, con la valentía supuesta de la diferencia de lenguaje, con el valor que nace de andar haciendo fechorías en bola en vez de uno solo.

Así que al séptimo despeje de portería por parte del guardameta isleño, guardé silencio. De nueva cuenta al siguiente, y al siguiente. Y así hasta que terminaron los 90 minutos y venció México a su contrincante.

La realidad es que sí fui partícipe, no me puedo ocultar el ego y decir que no, que no es cierto, que yo nunca hice algo malo. Fui el aficionado número 67,432 dentro del estadio que gritó lo que la FIFA no quiere que se grite.

Y la verdad es que sí puede sonar medio hipócrita que ande metiendo las manos por la organización suiza que disque quiere limpiar el juego—en previas columnas, léalas, no se arrepentirá tanto. Esto siendo yo también culpable de lo mismo; pero la diferencia radica en el entendimiento. Que gacho y que feo que yo haya insultado al equipo nacional de Jamaica en aquella tarde fresca; sin embargo, obtuve el entendimiento suficiente para abstenerme del mismo sin la necesidad de una amonestación por escrito.

Sí, es muy fácil decir que si uno ya pecó ya no puede decir nada ni para un lado ni para el otro. Pero también hay que ver lo que sucedió y como sucedió previo a lo que está ocurriendo en la actualidad. Digo, ahí andan todos ahorita con su dios guarde por que Juan Carlos Osorio diga groserías durante el juego, mientras que por otro lado el Piojo se agarra a madrazos con Martinoli y ahí sí, que chusco, que chistoso, que curioso y pícaro es el mexicano—finalicé mi narrativa para con Don Chon.

 

“sí pues, ya sé como dice, como la película del Kubrick, la del Scartapus”—Spartacus le corregí no queriendo sonar soberbio, o mamón por lo menos—“¿pues qué dije? Scartapus es lo que dije, ya ve que sí sé”

Y sí, tiene razón Don Chon (creo yo). Que todos somos como el Espartaco. Todos hemos cometido una atrocidad moral por aquí o por allá. Tenemos una cola o un rabo que cuelga peligrosamente de nuestro coxis exponiéndose a ser pisado—me parece fue a lo que Don Chon se refería, es lo que pensé mientras me contaba que el también gritó lo mismo una vez en el estadio Jalisco.

Sin embargo, nuestra conversación fue abruptamente interrumpida al detenerse mi amigo de las piernas cortas frente a una residencia de ladrillo y de muy buen ver. Me sentí avergonzado al ser mi prejuicio expuesto de manera tan grande, ya que la sorpresa era visible en mi rostro: “¡Aquí vive Don Chon!”. En vez de sentirme alegre por un compatriota de la tierra donde nacieron mis padres, quien a base de trabajo duro logró hacerse de un honroso y bien visto hogar, lo juzgué por sus ropas y su sombrerito de campo (que haga o no haga sol siempre trae a la mano).

Ahí estaba yo, erróneamente hablándole respecto a insultos y tradición, respecto a conveniencia e ignorancia, respecto a prejuicio y malicia. Mientras que el buen y humilde hombre de negocios—de seguro al ver mi reacción—se mostraba inamovible, inmutable, callado y con la mirada rehuyendo la mía, observando el horizonte detrás de mi persona.

Me pareció que esperaba el señor mi retirada, a riesgo de tener que invitarme a pasar o algo así, siendo que me había comportado de manera poco intelectual y propia hacia Don Chon. Y fue él mismo quien me salvo de ahogarme en mi mar de prejuicios y errores.

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Hogar frente al cual se detuvo Don Chon

óra’ pues, ahí luego le seguimos”—dijo Don Chon, mientras abordaba el autobús de LA Metro que leía “91 Downtown LA – Hill – Venice”.

Y fue así que supe que Don Chon no vive en Glendale.

 

El Desierto (3)

jardin de la mort

[Todas las imágenes, fotografías y objetos pertenecen a la familia Walker]

 

En algún momento de mi vida adulta, o como adulto-joven, acepté la mortalidad como una realidad inevitable, en gran parte debido al hecho de que me relaciono con personas de edad mayor a la mía. Por lo que, matemáticamente o biológicamente, era inevitable el hecho de que me llegaría el momento de ser testigo del fallecimiento de alguno de mis conocidos.

Antes de continuar el presente texto, haré mención respecto al hecho de que aquí en específico, voy a referirme a un grupo de personas que me llevan como mínimo unos diez años de edad (aunque algunos me doblan el podómetro biológico), sin necesariamente hacer un juicio respecto a los mismos debido a su edad.

Se llaman a si mismos “los niños de Kate” (Kate’s Children, en su original inglés), y la pasión de todos ellos es la literatura. Tanto la acción del consumo de la misma, dícese: leer un libro; como de igual manera el ser partícipes, cada quien a su manera y a su extensión, en la creación de la misma, dícese: escribir.

Ese era el nexo que nos unía a todos nosotros: La literatura.

Las historias, las palabras, la conexión de sustantivo con adjetivo, la discusión respecto a la narrativa de primera persona o tercera persona o segunda persona (muy complicada y exquisita, decían ellos), la escritura creativa contra reloj. En fin.

 

Lamentablemente, esa niñez a la que hacían referencia era solamente un estado mental y/o creativo. Ya que la verdad biológica hizo que, poco a poco, sus cuerpos humanos comenzaran a traicionarles, con la misma indignidad y crueldad que observé sufrir a mis abuelos maternos primero y después a mi abuelo paterno—cuando todos ellos iban dejando está vida por la frialdad desconocida de la muerte.

Fueron varios los ejemplos de indignidad y crueldad cronológico-humana los que se vivieron de manera comunal en las cafeterías y bibliotecas de la ciudad de Glendale:

Hubo una mujer quien un día sufrió una ruptura de tendón, esto cuando al parecer caminó de más mientras visitaba el farmer’s market de Pasadena con algún conocido o conocida particular.

Hubo un hombre quien un día tuvo que ausentarse debido a que el día anterior consumió harto alcohol, y a sus alturas la edad ya no le permitía lidiar con cruda y resaca como lo hacía hace escasos 6 años.

Hubo una dama quien se excusó por varias semanas por el motivo de que su título, tanto honorífico como profesional, de madre de dos hijas le requería tomar parte en un campamento de verano ya hace algunos ayeres.

Hubo un caballero quien requirió reclusión en una alcoba a oscuras y silenciosa debido a que su trabajo como ingeniero de sonido lo remitió a una sordera breve, después de una jornada laboral que duró tres días.

En fin, han ocurrido un sinfín de eventos ajenos al arte de las palabras dentro de ese círculo literario (por llamarle de alguna manera). Yo fui partícipe o testigo de algunos varios de ellos—quizás muchitos, entrando de nueva cuenta en las matemáticas. Mientras que otros tantos me tocó solamente escucharlos, o vivirlos, a través del correo electrónico que circula semanalmente.

Fue gracias a ese aviso semanal—debido a que me ausenté casi por completo del grupo estos últimos dos años; por aquello de haber regresado a la escuela y tener que aplicarme en los estudios—que me enteré del fallecimiento de uno de los miembros de tan interesante colectivo: la señora T. A. Walker.

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All images, photographs, and objects belong to the Walker family

Yo la conocí después de haber tenido ella una vida plena, después de haber sido estilista en el salvaje mundo del Hollywood de los 70s y 80s, después de haber sido nominada para Emmys y ganar premios otorgados a maquillistas y estilistas, y también después de haber fundado una organización de caridad llamada Big Girls Don’t Cry Inc., para ayudar a mujeres víctimas de violencia doméstica y/o abuso sexual—organización hoy, lamentablemente, disuelta.

Es todo lo anteriormente mencionado una breve fracción de la vida de Toni. Una muy breve fracción de una vida que apenas alcancé a conocer. Lo supe desde antes. Pero el estar de pie en la sala de los jardines curiosamente llamados Descanso Gardens, frente a tantas otras personas que la conocían, hizo inequívoca la verdad matemática respecto al conocimiento que yo tenía de esa mujer: una breve fracción.

Me parece curioso que tan breve conocimiento de una persona deje un impacto como el sentido por su servidor; sin embargo, estando rodeado de quienes de verdad la conocían, de quienes de verdad convivieron con ella, dio una certeza concreta a lo sentido. Fui asistido a entender que de verdad me había topado con una persona noble y fuerte, y que la conversación que tuvimos respecto a Basquiat no era un excentricismo nacido en aires de grandeza artística; era más bien una extensión de una personalidad indomable y llena de amor ante la enormidad de la vida y el arte dentro de ella: en la naturaleza, en los sonidos, en la comida, dentro de los humanos.

Me parece que ella lo sintetizó de manera apropiada al decirme: “…it’s the souls that are pained the most who are capable of the most beauty”. En su momento no pensé más que lo que piensa un joven al ser expuesto al conocimiento inherente de la edad y la experiencia. Pero al conocerla en muerte, al ver los sueños reflejados en fotografías de hace más de medio siglo, pensé que sería mejor si lo que me dijo no fuera tan cierto como lo es. De esa manera eso significaría que ella no habría encontrado dolor en su vida, solamente el amor de quienes se encontraban en esa sala y tantos otros más. Pero la realidad es otra. La realidad es que sí hubo dolor y sufrimiento en su vida, pero si su muerte me enseñó algo es que ella decidió ver más allá de dichos accidentes propios de la humanidad.

Y me pareció tan curioso ayer, pero a la vez tan adecuado, que el último adiós se diera en un lugar como Descanso Gardens: rodeado de tanta belleza en un acontecimiento de tanto dolor. Quizás así, con ese contraste de imágenes, es que mejor puede ejemplificarse la vida de ella—porque usualmente así es la vida de una mujer: tanta belleza y tanto dolor de mano en mano. Y ella lo vivió y lo asimiló gracias a sus escritos, los cuales compartía de una manera cándida y cálida, donde nos regalaba una visión a un pasado el cual nosotros no entenderíamos pero, gracias a ella, tampoco olvidaremos.

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All images, photographs, and objects belong to the Walker family

T. A.—a ti directamente te digo—yo sé que me dijiste que las almas heridas son aquellas capaces de gran belleza; pero no quisiera creerlo completamente. No por que piense que no hayas tenido la razón, sino por que eso implicaría entonces, que tu alma fue herida. Nada que diga o escriba cambiará el hecho de tu ausencia a quienes más te necesitan; sin embargo, debo de igual manera decirte adiós y, de alguna manera en algún momento, honrar tus memorias como mejor pueda hacerlo.

Descansa en paz T. A. Walker.

Las crónicas de Don Chon (2)

NO SE VALE (O VALE GAVER)

[Sepa el lector que el posterior texto fue escrito por el autor previo al encuentro entre las selecciones nacionales de futbol asociación de Nueva Zelanda y México, el día 21 de junio, 2017. A final de cuentas parte de lo mencionado en párrafos siguientes no parece haber sido un factor determinante; por lo menos dependiendo del medio de comunicación que siga, ya que algunos hicieron referencia a “secciones pequeñas del público” y otros omitieron el tema controversial por completo. El autor admite de igual manera una totalidad de 3,476 groserías espetadas a la fecha, una de ellas ocurrida en un estadio…]

 

Me reporté con Don Chon el otro día, después de regresar de mis viajes de trabajo, estudiantiles, políticos y anexos—diría “El Perro” Bermúdez. Me recibió como siempre el abarrotero: de buena gana; por que a final de cuentas sabe que me va a hacer comprar unas papitas y una soda.

Y luego luego (dirían en Las Bugambilias, Hermosillo, Sonora, México) de llegar e intercambiar saludos, se dispone en ponerme al tanto de lo ocurrido en la Copa Confederaciones Rusia 2017. Esto debido a que me perdí la jornada inaugural de la competencia por el viaje otrora mencionado.

Dijo Don Chon que el uso de la tecnología va a terminar de matar al juego, que Rusia sí trae selección este año, que Chichadeus metió gol y que con él nada nos faltará puesto que es nuestro pastor y salvador, que quien sabe que fregados hace Layún en la selección, que Héctor Moreno va que vuela pa’ ser el nuevo Claudio Suárez; en fin, le sale lo azteca al buen hombre.

Pero, como suele suceder, llegamos a un punto de divergencia en la conversación: “son mamadas políticas”—atestaba el hombre de negocios. Y con ese lenguaje tan colorido, mismo que si se trata de limpiar no deja un enunciado coherente y digno de ser repetido, me parecía que daba validez a sus contrarios, en vez de mostrar el por qué son (como dijo en su vocablo coloquial) mamadas.

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Don Chon Inc. LLC

Resulta que FIFA, organismo que gobierna el futbol asociación, ya está tratando de ponerle un alto a algo que—ahora resulta—es tradición mexicana y, por ende, del futbol. Y no, no voy a censurar en posteriores párrafos lo que ellos buscan censurar, por que ya todos sabemos a que nos referimos; y, encima de eso, estoy citando textualmente a los fanáticos mexicanos. Es decir: el grito de “¡Puto!” al momento de despejar el portero contrario. Mismo que ha existido, por lo menos de acuerdo al conocimiento que tengo, desde que mi padre rondaba las aulas y pasillos de la Universidad Nacional Autónoma de México (circa 1978).

Por un lado sale Juan Carlos Osorio, el hoy director técnico de El Tri, a decir que todo es un malentendido internacional y que “no significa lo que creen que significa”.

Si uno cree en la inocencia del alma humana y la belleza del lenguaje expresivo, o en Don Chon, se le podría dar el beneficio de la duda al profe Osorio. Esto debido al reconocimiento histórico y léxico que se la ha dado al pueblo mexicano en lo que respecta a su uso del lenguaje español y su creación de coloquialismos, gentilicios, apodos, regionalismos y prosopopeya. Para ejemplificar, bien sabemos que Puto—ignorantemente, históricamente—es aquel hombre homosexual quien encima de su predilección por el falo, se dice es afeminado, muestra gusto por las telenovelas, los colores chillantes y, como decía un cómico guaymense de renombre, jotear. Ahora que a un conocido quien va de mujer en mujer, dándoles cama a todas sin crear necesariamente una relación emocional, puede ser llamado Puto de igual manera; pero solo por su grupo de amigos cercanos. Y, para terminar la santísima trinidad léxica, alguien quien se echa pa’tras, que le pedalea a las promesas, quien no le entra al tiro, quien exhibe cobardía al rajarse, será también un Puto.

“Por eso son mamadas”—sentenció Don Chon, después de expuesta su defensa al Putismo—“están agarrándola contra los puros mexicanos, es nomás en contra de nosotros, las mismas chingaderas de siempre, se van contra nuestras tradiciones”.

Bueno, pueden ser las de siempre, pero ¿son chingaderas?—repliqué a mi interlocutor.

 

Sí, el mexicano y su lenguaje son muy vivos, bien dicen en los pueblos de Aconchi y Oputo que uno “tiene más salidas que un cerco agujerado”. Sí, existe el sustrato semántico que historiadores y albañiles utilizan para defender lo que le espetan a personas del sexo femenino pasándolo, según ellos, como “piropos”. Sí, Chichadeus es nuestro pastor y con él nada nos faltará.

Pero tampoco podemos hacernos pato tan duro y por tanto tiempo, como para olvidar el hecho de que, en el nexo interno de su historia, a niveles atómicos y subatómicos de su ortografía e historia lingüística, el término Puto ha sido, sigue siendo, y, hasta que termine el falocentrismo mexicano, seguirá siendo usado como insulto primordialmente, primero dios. A poco no ha escuchado antes de cada tiro, pleito, pelea o contienda, desde la primaria hasta la edad adulta, a un contrincante gritarle al otro: “¡ábrete Puto!”—le propuse a Don Chon.

Y como aparte curioso, si no es insulto o nacido como tal, entonces ¿por qué el femenino de dicho organismo es considerado como la mejor, más común y más fácil manera de agredir verbalmente a una mujer? Usualmente precediéndole la palabra pinche.

Sí, es tradición—le dije al abarrotero cuando una mujer y sus tres críos dejaron el establecimiento—pero no de las buenas, ni de futbol. Uno podría proponer, que es una tradición de insulto y violencia.

’sas son jaladas mentales”—citó textualmente Don Chon a José Ramón Fernández, uno de sus ídolos—“¿A ver? ¿A que otro país lo castigan así? es puro odio y miedo al Tri”.

Bueno, hay tradiciones del futbol que pueden ser consideradas desde universales hasta locales como lo son: los jugadores calentando en la cancha antes de iniciar el partido pero cuando los aficionados ya se encuentran dentro del inmueble, la formación lado a lado para los himnos y fotografías antes de iniciar la contienda, la hinchada caminando en unísono al estadio, el intercambio de banderines previo al partido y camisetas después de, en fin.

Pero estaríamos peligrosamente mal informados si creemos que, conforme la sociedad humana ha evolucionado a través de la historia, las tradiciones del deporte y el aficionado NO han cambiado. Se han impuesto castigos a clubes y selecciones por comportamientos y conductas antideportivas, por cánticos o conductas racistas u homofóbicas (de entrada se pueden nombrar al Chelsea FC y a la selección Rusa recientemente).

Y de igual manera en la sociedad misma, han ocurrido cambios respecto a lo que es aceptable en una interacción social. Si uno cree que es nomás en México y al mexicano, ahí si pasa de mal informado a errado—le decía a Don Chon mientras atendía sus transacciones de negocios. En Alemania la swástica y las imágenes del Nationalsozialistische Deutshe Arbeiterpartei (el partido Nazi) son ilegales por razones y motivos históricamente obvios. Mientras que en los Estados Unidos de América, la sociedad misma poco a poco llevó a un desuso público (aunque no a una ilegalización) lo que hoy es conocido como “The N-word”, ¿o sea? Nigger—esto por supuesto lo susurré dentro de los abarrotes, después de haberme asegurado que ninguna persona afroamericana se encontrara en una distancia de 5 millas a la redonda.

’ira”—comenzó Don Chon con seriedad, después de meditar lo escuchado por unos segundos al terminar mi soliloquio—“es que todos sabemos que sí es en contra de los mexicanos”.

Repitiendo de esta manera el buen señor lo que todos los “incondicionales” de El Tri dicen al ser presentados con argumentos y/o evidencia respecto a este Puto detalle. Mismo que parece preocuparles mucho más que el #gasolinazo, el incremento de inseguridad pública en cada comunidad de la república, la disparidad respecto al porcentaje de población que vive bajo el índice de pobreza (no obstante el hombre más rico del mundo, 2010-2013, fuera mexicano), la intrínseca relación de la iglesia católica con la política mexicana; en fin, prioridades de la vida.

Yo no le puedo negar a Don Chon que el señor Infantino, actual presidente de FIFA, esté ensañado contra el cántico de Puto. Así como Mr. Ch no me puede negar lo que anteriormente le expuse.

La realidad que tenemos que ver ambos dos, es que siempre existirán personas que resistan el cambio (aunque sea este percibido como positivo por un porcentaje mayoritario de la población): Sí, la nación de Alemania hizo cambios respecto a sus tradiciones patrióticas y políticas; sin embargo aun existen focos de actividad Neo-Nazi y de la extrema derecha militante. Sí, ciertos coloquialismos han visto su uso descontinuado en el habla diaria americana; sin embargo el uso privado de los mismos continúa, y de igual manera han nacido coloquialismos secretos—aunque ni tanto, ahí está Andre Iguodala (jugador de los Golden State Warriors) escribiendo en Twittermah ninja slick”, como si no supiéramos a que se refiere con ninja.

Y así nos podemos ir: la bandera de la confederación en el sur americano, la visión del chilango como sub-humano en el norte de México, el apartheid que aun causa estragos en Sudáfrica, la relegación y deshumanización social históricas del sexo femenino en Japón y Corea.

No es nada más en contra del mexicano—le dije queriendo terminar el asunto, por que luego Don Chon te hace comprar cosas que no necesitas cuando le pides el baño—y si lo es habrá que entender, o por lo menos admitir, que existe la posibilidad de que sí esté sucediendo algo que nació en la picardía, creció en la tradición y envejeció a la grosería.

O que, ¿a poco todavía se juega futbol con balón de tiento, sin espinilleras y con botas de minero porque “son tradición”? Ahí es cuando pasa el fanático de la tradición a la conveniencia.

 

Las crónicas de Don Chon

REALIDAD Y ESPEJOS

Hay un equipo de futbol que compite en las ligas recreativas de Los Angeles llamado el Real Zamora. Nombrado así en honor al municipio en el estado de Michoacán, México; no en honor a un conocido escritor sonorense y sus derivados, como algunos de sus fanáticos piensan (tanto del equipo como del letrado).

Hablando de los fanáticos, el más famoso de ellos, quien de cariño bautizó al equipo: El Realito, es Don Chon (un hombre de negocios local); quien usualmente los lunes asiste a los partidos en apoyo a su equipo favorito de la “Universal 11×11 League – Los Angeles River” ©®.

No cuenta con una gran cantera el equipo, a veces aventándose juegos enteros sin jugadores en la banca; pero sí con integrantes emprendedores y con sus debidas personalidades peculiares. Esto último usualmente requerido en cualquier equipo deportivo.

Está el mediocampista chicano que trata de ilustrar lo que está sucediendo dentro de la cancha con un dicho… lamentablemente los mismos se quedan a medias y/o les inventa un nuevo desenlace: “es que estamos llegue y llegue y llegue al área, y ya saben lo que dicen: tanto va el cántaro por agua que pues, o sea, se rompe el cántaro ¿no?”—dice Don Chon que su favorita fue: “es que ya ven que el juego es como la del árbol y un columpio, o sea, el columpio pues va pa’ enfrente y va pa’trás ¿no?”.

Y así nos vamos: un delantero que es tan talentoso como es mercurial, un mediocampista que habla en gangsta’ rap noventero, el veterano que recuerda tanto a Salinas de Gortari como al primer presidente Bush, y todas las demás posibilidades dentro de los colores del aura humana.

Por supuesto que a estas alturas Don Chon los conoce a todos y le gusta mantenerse informado de los porvenires del Realito. Por lo que hace unas semanas, cuando Don Chon no se presentó al campo de juego en sucesión, me envió una paloma de texto para que me reportara a su cuartel (los abarrotes) a dejar el reporte del chisme…

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En esa ocasión el reporte oficial, que después sería repetido en Radio Formula y el Arizona Rancher’s Journal, era respecto a tres jugadores de la plantilla (a quienes llamaremos Felipe, Carranza, y, Pech, debido a los diversos niveles de legalidad e ilegalidad de sus historias), quienes pareciera se toman en serio eso de “quebrar tobillos”—dice Don Chon que son el yin del yang compuesto por “El Buitre” Butragueño, Philip Lahm (nunca expulsados en sus carreras) y Gary Lineker (cero expulsiones y cero amonestaciones, históricamente).

Pech, grande en proporción y peso, tiene también grandes ímpetus dentro del terreno de juego. Ahí lo pueden observar corriendo desde su propia área hasta el medio campo, con el propósito único de protestarle al árbitro o de empujar a un jugador del equipo contrario.

En uno de los juegos que le reportaba al Don, el árbitro confrontó a Pech… bueno, más bien Pech confrontó al silbante:

“¡¿Por qué no marcas bien?!” cuestionó el jugador del Real Zamora.

“No me diga como marcar” respondió el susodicho.

“Tan siquiera córrale cabrón” le susurró al oído Pech.

A final de cuentas el jugador del Realito pareció salirse con la suya, ya que el silbante solamente mostró la tarjeta de amonestación al jugador con el dorsal número 969, osease Pech.

Pareció—le dije a Don Chon, quien se había perdido dos encuentros esa semana—por que al terminar el partido y entregar su cédula el silbante al organizador del torneo, este último se acerco al entrenador/capitán/aguador del Real Zamora: el Calvo Aboytes (a quien también le regalaremos la defensa del anonimato, ¿por qué no?). Le dijeron al Calvo Aboytes que Pech iba a ser suspendido por acumulación de tarjetas.

Mientras que Pech, cuestionado por sus compañeros, renegaba: “nomás llevo cuatro wey”—“no m’ms’s el cuarto partido de la temporada” entrometió correctamente el Don.

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La bondad o disque inocencia deportiva de Pech, no parece hacer eco tanto en Felipe (número 441) como en Carranza (número 696). Ambos jugadores ya tienen una trayectoria histórica con el Realito: uno es cuñado y otro es “compa” del Calvo Aboytes; así que su lugar en la escuadra deportiva no es cuestionado.

Lo que los analistas—entre ellos John Laguna, André Marin y hasta el bufón de Martinoli, que no le caen bien a Don Chon—cuestionan en este dúo es: el temple y el comportamiento en el campo de juego.

Felipe, con todo y el collar del arcoiris que carga, tiene una tendencia de jugar como si Germán Villa hubiera inhalado el alma de Isaac Terrazas; lo que como consecuencia deja una multitud de encontronazos, empujones y tarjetas rojas. Por su parte Carranza parece que todavía lleva el recuerdo mitocondrial de villistas y zapatistas.

Peor tantito cuando se empalman las broncas de uno con las de otro. Como sucedió el día jueves contra el equipo rojo—“pos’ ya sabe que no” dijo Don Chon al preguntarle si comenzará a ir los jueves como me encargó el Calvo Aboytes.

Dominaba el Realito y el marcador se mostraba 3 a 1 a favor de los negriamarillos—retomé la narrativa—cuando faltando aproximadamente unos 15 minutos de juego se desató un caos violento y vergonzoso.

En el campo, Felipe decidió entrarle por detrás y con los tachones en alto a un contrincante que se dirigía directamente, y sin acompañamiento, al guardameta del Realito. Se la pagaron con una expulsión de esas de roja directa.

Uno podría darle el beneficio de la duda a Felipe y decir que “se le fue el rollo”, pero como Don Chon mismo dice: “ya está medio ruco el amigo”. Y es que es mañoso para jugar (por no decirle más feo). Es de esos que te pisan la punta del pie para evitar que ganes un balón en el juego aéreo o que buscan conectarte con el codo en las costillas cuando peleas el balón dividido—“canchero” dice siempre Don Chon.

Si al momento de ser expulsado Felipe hubiese aceptado su castigo prontamente con el orgullo herido, otro chisme se le pasaría al buen comerciante. Pero en lo que unos alegaban que no iba directo y en lo que el número 441 cortaba mangas a diestra y siniestra, amenazando con tirar jodazos a lo loco; súbitamente se escuchó a Carranza gritar: “¡órale cabrón!”.

Acto seguido las cámaras captaron el momento justo en el que el número 696 conectó un codazo (nótese, no un jodazo) en el parietal derecho de un jugador de rojo. El jugador del equipo contrario recibió el contacto, lo asimiló y le regresó el detalle al jugador del Realito en cuestión de segundos y centésimas.

Y ahora sí, a soltar chingazo y medio.

“¡No mames, cada pinche partido!” fue el slogan final de dicha pelea y contienda. Terminando la noche prometedora con un amargo y hediondo 3 a 3 final—“que por supuesto supo más a derrota que a otra cosa para el Real Z” sentencié el reporte y me retiré.

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Es como Don Chon repite los lunes, jueves, o fines de semana: “pos’ uno tiene que aceptar los resultados; tenga o no tenga que ver con los mismos pues”. Me parece que se refiere a que a veces se pierden los partidos no por que se hayan hecho totalmente mal las cosas, a veces es porque un jugador de entre los once perjudicó a los demás.

Yo pienso que tiene razón el amable abarrotero. Y es una razón que se aplica tanto en el deporte como en la vida: de igual manera tenemos que aceptar leyes o reglas que nos gusten o no.

Hoy en día en las tierras del Realito, ciudadanos y misceláneos tienen que aceptar las leyes de un presidente de color sospechosamente naranja. No por que uno (el uno literal) tenga la culpa; a veces es por que el 58% de las mujeres blancas, 7 de cada 10 hombres blancos y un montón de cubanos en Florida (#NeverForget) lo decidieron con sus votos un día de noviembre.

Bien dijo el Calvo Aboytes al final del partido reportado, otra vez como capitán/entrenador/aguador: “Oye wey, pero y sí, ahí a la otra sin pleitos. Que si vienen los chota, amanecemos mi compa y yo en México; ¿y mis hijos? acá bien gracias se quedan sin su jefe”.

O, en palabras del portavoz del Realito: “pues es que, o todos traemos la cola así, ya saben, larga… o pues, entonces, andamos todos sin cola ¿no?”

El Desierto

Everything contained/posted herein constitutes an opinion; individual, alone and of the writer’s own property. As I am not an expert in any subject, I just attempt to write without malice. That is all.

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Todo lo aquí contenido/publicado constituye una opinión; individual, solitaria y de la propiedad del escritor. Puesto que no soy un experto en materia alguna, solamente intento escribir sin malicia. Eso es todo.