Die Bos

En el mismo lenguaje que dio nacimiento a Die Woestyn (afrikáans), y todo lo que esas palabras implican y conllevan para otras personas y su servidor—en papel de narrador y protagonista—, para describir lo opuesto al desierto, más no necesariamente al sentimiento subjetivo que lo mismo puede evocar, se dice (y escribe) lo siguiente: Die Bos (El Bosque).

Y esto es algo que hasta la fecha no he conocido ni he experimentado en carne propia.

Quizás por esta falta palpable de identificación personal con el término extranjero es que Die Bos no tiene ese efecto stendhaliano (hyperkulturemia) en mi (aun), mismo que Die Woestyn ha tenido hasta la fecha sobre mi persona.

Debo tomarme unos momentos para hacer hincapié respecto a tres sustantivos de gran importancia en la premisa expuesta en el párrafo anterior: hasta la fecha. Que bien nos dijo un poeta hace algún tiempo: “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar…”

 

Me encuentro el día de hoy a un mes de lo que será celebrado como mi cumpleaños numero 32, tres décadas y dos años de vida. He tenido la oportunidad durante este tiempo de conocer a personas de distintos continentes, conocer distintas ciudades, escuchar las experiencias de aquellos cuya cultura es diferente a la mía, en fin, no soy un trotamundo pero he experimentado más allá de mi nariz—parafraseando algo que diría un antiguo escritor castellano.

También he conocido algunas de las zonas climáticas y topográficas que nuestro globo terráqueo nos proporciona; más no todas (como dije, no soy trotamundo). Y ese es el punto operante en mi actualidad.

Sí, estoy consciente al respecto de la existencia de bosques, tundra, estepa y demás locaciones distintas al desierto y a la ciudad—mismos que han sido mis dos residencias de longevidad en mis treinta años “y feria” de vida. Consciente también me encuentro de que inclusive mi esposa se cuenta entre las personas quienes han caminado por entre los troncos de árboles gigantes que se postran de manera ciclópea sobre nosotros los pequeños seres humanos, quienes han respirado el oxígeno puro de la naturaleza sin contaminar por dióxido o monóxido de carbono y otros gases nobles (o plebeyos), y, quienes han mirado las superficies cristalinas de cuerpos de agua sin perturbar por embarcaciones o construcciones de humanas conveniencias.

Aunque también, finalmente, me encuentro sumamente consciente de que mi falta de experiencia personal no demerita la grandeza y belleza de los bosques, así como mi trato con aquellos quienes han experimentado un bosque, o múltiples, no hace que las experiencias sean transferibles a mi persona por medio de la ósmosis.

A pesar de escuchar a mi esposa y otros expertos, en lo que a boscus se refiere, no tengo una certeza respecto a lo que encontraré, ¿árboles? ¿aire puro? ¿cielos claros y abiertos? Me supongo que un poco de todo eso habrá, pero, ¿Cómo es que se siente la corteza de un árbol que ha vivido por cientos de años contra la palma de un humano que ha vivido solamente una fracción de lo mismo? ¿Con qué adjetivos puede describirse la claridad e inmensidad de un cielo abierto, sin nubes, sin la constante turbiedad de la existencia humana raspando sus colores y manchando su estela? ¿Cuál es el olor y el sentimiento del aire puro en los pulmones de un humano que ha respirado una mezcla de gases, polvos, partículas y humanidad por la mayor parte su existencia?

Esas y más son las preguntas que busco responder. Respuestas que serán, me parece, derivadas de mucha introspección y se transmitirán en su mayoría gracias a mi subconsciente.

 

Será debido al hecho de que existí en una comunidad diametralmente opuesta a lo que se entiende por Die Bos, que mi curiosidad simplemente ha ido aumentando con el paso de los años—que ya me pasó en años anteriores, desde pubertad hasta adultez, esa cuasi-desesperación debido a lo que yo desconocía. Como por ejemplo el conocer tanto flora como fauna anteriormente desconocidas en mi universo personal; mencionando también que el entendimiento de las mismas ya es cosa aparte, con el simple hecho de experimentar ambas me doy por bien servido. El entendimiento y el raciocinio pueden venir después, son bienvenidos.

Será por los motivos conscientes y subconscientes que sean, pero a final de cuentas esa curiosidad se ha anidado en mí ser por los últimos 5 años—y se ha hecho una metástasis de la misma en los últimos 3—que no me permite dejar de lado su existencia. Y mis deseos, como todo en la vida que vivimos, tienen sus obstáculos y sus imposibilidades; mismos que pueden ser desde problemas de salud, hospitalizaciones, falta momentánea de capital, cambio de planes debido a emergencias familiares.

Entiendo también que la magnitud de mis contratiempos (respecto a viajes de placer, ni más ni menos), contrapuesta con la magnitud que los problemas que otras personas pueden experimentar, es quizás irrelevante o menor, así que debo aclarar que no digo que lo que me pasó a mi es mejor o peor; es, simplemente, algo que pasó y por ende debo mencionarlo en mi narrativa.

Pero así le daremos comienzo a la cuenta regresiva de treinta días, al final de la cual (esperamos) se dará lugar a todo suceso y podré entonces experimentar, a mayor o menor grado, la inmensidad, belleza y perfección de lo mismo a lo que me he referido en todo lo precedente:

Die Bos