Las crónicas de Don Chon (5)

Ca-ca-ca-ca-cambios

[Sepa el lector que el título es un intento de traducción y juego de palabras basado en la canción Changes del hoy difunto artista David Bowie]

 

Ahí donde la ven hay cosas que son y pueden ser, pero la permanencia universal es usualmente concretada (y concentrada) en lo que a ciencias exactas respecta. Por lo que me parece por demás curioso como las personas tratan de utilizar constantes matemáticas transportadas a temas sociales o de convivencia humana, siendo que objetivamente no sería posible darle tales usos.

Otro de los—a mi ver—errores que cometemos los seres humanos, en lo que a permanencia y absolutos se refiere, es tratar de aplicar los mismos a las masas deportivas de fanáticos y atletas. Mismo bolo que tiene una relación simbiótica por demás mayor a la que tenía Spiderman con Venom, Ernesto Zedillo con Salinas de Gortari o Hermes con Zeus.

Es, en mi opinión, como si las personas no quisieran aceptar que las cosas cambian, que de un día a otro se puede retirar un atleta, puede perder un equipo, puede coronarse otro campeón; y a la temporada siguiente puede pasar lo mismo, pero con los nombres y los colores cambiados. Es decir, la permanencia tampoco aplica en los deportes.

Y, por mucho que les duela a las personas—o les arda, dependiendo de que parte de Latinoamérica sean los observadores imparciales—que existan esos cambios y movimientos tectónicos, en lo deportivo y social, hay que exponerlos, asimilarlos y aceptarlos; que hasta en la CONCACAF suben y bajan los equipos por el tobogán de la vida y las jerarquías…

 

Y sí (dirían algunos miembros del Real Zamora), así son las cosas. Por que por más mierda que le quieran echar a un tal Juan Carlos Osorio, no existe constante alguna de permanencia en el deporte que él haya quebrantado. Mucho menos en un ámbito deportivo tan viciado como lo es el del fútbol asociación.

Y no nomás estamos hablando de las barrabasadas que ocurren en CONCACAF, en la Liga MX o en FeMexFut; que ahí está la MLS borrando el ascenso y el descenso de sus planes a futuro, ahí está US SOCCER pidiendo transferencias de jugadores de otras federaciones a la suya para que puedan jugar los mismos en Rusia 2018, ahí está también La Liga española y la pasarela sin fin de jugadores que abusan del sistema fiscal/tributario. En fin.

En mi opinión, nos daríamos por bien servidos si decidiéramos entender que nadie es inmune en estos asuntos. Pero no. Prefieren indignarse, armar un escándalo y buscar chivos expiatorios extranjeros cuando le pasa algo al Tri.

Y luego peor tantito si es que México es eliminado por Jamaica, porque ya se ponen más cabrones todos los miembros de la perrada. Diciendo que se está malogrando el buen nombre de la selección nacional (y del país) cuando pasan esas cosas—¡Ah! Pero no vaya a ser que el aficionado vaya a mentarle la madre al técnico en público, que ahí está defendiendo a la patria nomás (‘ta weño).

Salen analistas, comentaristas, hasta ex-jugadores a hablar en contra del técnico, los federativos, las secuelas religiosas de la conquista española en la Nueva España, y del técnico; en fin, de repente se vuelven expertos en lo geopolítico-social. Les da amnesia, también hay que admitir, ya que salivan añorando las épocas doradas del Tri antes de que fueran manchados los buenos recuerdos por unas manos llenas de café.

Pero yo pregunto, ¿a que época dorada se refieren? ¿a los días en que México se encontraba entre el top 10 del ranking internacional de FIFA? ¿acaso respecto a El Tri que fue alguna vez ganador de una copa mundial en las últimas dos décadas y hoy ya no lo es?

Señores—y señoras también, que de seguro también le han de mentar la madre dos que tres madres (e hijas)—esa nunca fue la realidad. Esa gloria y esa época de oro, no han sucedido aun, están extrañando un pasado que no ha existido.

 

Pero bueno, esas son cosas que muchas veces uno las habla fácilmente; pero a la hora de la hora—machín rín, dirían las personas de la colonia Cuauhtémoc en Hermosillo, Sonora—cuesta mucho trabajo aceptar la realidad y acatar ordenes y hechos.

Lo digo por que hasta a mí—en papel de narrador y protagonista—me ha pasado. Más recientemente en el nuevo torneo al que fue inscrito el Real Zamora, donde en la primera jornada me di cuenta que sufrí un cambio de posición sin haber sido consultado.

’Ora wey, tú vas a la delantera y yo entro por ti ¿va?”—fue lo que me dijo el Calvo Aboytes cuando estaba alineando al equipo, ya dentro del campo. Encima de eso, también me tocó juntar el dinero para el árbitro durante el medio tiempo, ni pez.

El resultado final fue una victoria 2-1 favor al Realito, lo que nos adjudica los primeros tres puntos del nuevo torneo; mismo que se decidirá a base de puntos después de 12 jornadas.

Don Chon, quién ya regresó como patrocinador y espectador, dice que la nueva alineación del equipo: “’tá bien”. Y como a mi no me parece tanto se lo dije y le expliqué como las ultimas posiciones en las que jugué futbol asociación de campo fueron en la defensa central, que de delantero no juego desde los tiempos de la preparatoria (cuando comenzó el milenio).

El abarrotero nomás me escuchó todo lo que le decía.

’Ira,”—comenzó seriamente Don Chon—“la verdad que yo sigo pensando que está bien”.

Expuso Don Chon un punto clave al decir que sí, quizás yo me siento más a gusto dentro del campo en la posición de defensa central; pero, si el equipo se va a estar alineando solamente en base a como me encuentro más cómodo, entonces ya tenemos las de perder desde el inicio. “Chanza”—prosiguió el buen hombre—“y lo que quieren es jugar de otra manera”.

Con un poco de introspección, análisis y memoria, puedo estar de acuerdo con Don Chon en ciertos puntos. Ya que al plantarme en la delantera, sí jugó de manera distinta el equipo. Y no lo digo por que yo sea el factor clave y el que dictamina cuantos pares son tres moscas, sino debido al hecho de que al utilizar otra línea defensiva, da lugar a otra escuadra de mediocampistas; ambas líneas jugando de manera muy distinta a como había estado jugando nuestro cuadro bajo en las ultimas jornadas del previo torneo.

Entonces, aquí lo indicativo es que si el resto del equipo se concretaba y aplicaba una adaptación posicional y de jugadores, entonces ¿qué me previene aceptar una posición como delantero?

Admitir sinceramente que no soy ni un Zlatan, ni un Cantona, ni mucho menos un Chichadeus—que todos sabemos sólo hay uno—, no es excusa para mostrarme en desacuerdo con el equipo y sus directivos. El requerimiento mínimo, es tratar.

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Me pareció acertado el comentario de Don Chon. Pero a la vez curioso. Curioso como una persona puede tan perceptivamente captar esos detalles del deporte y explicarlos a aquellos quienes lo tienen tan de cerca. Curioso como una persona capaz de captar todo lo anteriormente mencionado se muestra tan renuente a aceptar que la realidad de México como potencia gigante, quizás ya es añeja al punto de necesitar retirarse.

Pero no debe ser tan sorpresivo, por qué de igual manera como internamente puedo sentir que soy mejor defensa central que delantero; hay una infinidad de personas que hasta la muerte sentirán que México (o el equipo nacional de su predilección) es mejor, no nada más que Jamaica y Honduras, sino que es hasta mejor que Francia, Argentina y Alemania.

De igual manera (por infinitésima ocasión), de un día a otro le dio a Don Chon por cerrar el changarro y mudarlo a otros rumbos. Y ahí sí: sin consulta, sin preguntas, sin dar los buenos días o las buenas noches; nomás avisando cuando se encuentran con el changarro vacío los derechohabientes.

Bien dicen: “cambios…”

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El licor está cerrado…
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Las crónicas de Don Chon (4)

DE AQUELLOS TIRONES FAMILIARES

 

Fue hace unas dos semanas que sufrí un tirón en el tendón de la corva al jugar la contienda semanal de los lunes con el Realito, por lo que ese fin de semana no asistí a los entrenamientos requeridos de un equipo semi-amateur en el sur de California—entiéndase que los mismos consisten en ir al parque individualmente y patear la número 5 contra una pared.

A donde sí asistí, sin embargo, fue a la galería semanal de Don Chon INC, S.A. de C.V., donde de manera gratuita, siempre y cuando consumas lo que compras del establecimiento (compra requerida para la entrada cabe mencionar), te permite el buen abarrotero observar los juegos de la Liga MX, el Tri y la Selección Nacional Mexicana; a veces, estos últimos dos al mesmo tiempo.

Y como en la actualidad de esos momentos estaba sucediéndose la Copa Oro (o Gold Cup, dependiendo de donde sea uno), pues no había la verdad mucha tela de donde cortar…

 

Para dejar bien claras las cosas, no es que haya sido víctima de una entrada violenta o que me haya lesionado en un encontronazo súbito; no, todo es debido a las posiciones. Y es que de unas semanas a la fecha, casi como un mes más o menos, por fin descubrieron los entrenadores del Real Zamora (equipo también conocido como Realito, o El Realito) que mi posición ideal, en los juegos de 11 contra 11, es en la defensa central—siempre y cuando el equipo esté alineando una línea de cuatro al fondo.

De esa manera, y dentro de esa alineación, me es posible posicionarme delante del central que funciona como base o ancla (el que cuida la línea diría Rafa Puente del Río); y, si es necesario, ocupar el espacio del lateral derecho cuando suba este por las bandas o llenar el espacio detrás de los jugadores de media cancha para propósitos de recuperar el balón o intentar detener los contragolpes, que tanto daño le causan al Realito.

El hecho de que haya sufrido una lesión leve no es nada del otro mundo (me dijeron los paramédicos en el campo de juego), siendo que dentro de las filas del Realito ya ha habido víctimas de rotura de los ligamientos cruzados, esguinces, ruptura en el músculo pectoral, desgarre testicular y/o de escroto, mordidas de perro, y, en una ocasión por demás aparatosa, un diente astillado.

Me parece a mí—como narrador y protagonista—meritorio de ser mencionado el hecho de que yo mismo fui con el entrenador del equipo, el Calvo Aboytes, a decirle que me pusiera en la defensa central; esto después de que me comieran vivo como por mes y medio jugando como lateral izquierdo.

No obstante las victorias morales dentro de la institución Real Zamora, como se encontraban otros equipos jugando los playoffs, al Realito lo estaban invitando a jugar amistosos para que no se usaran los campos por personas ajenas a la liga.

Así que lamentablemente (o quizás para buena fortuna), mi lesión ocurrió cuando el equipo ya no tenía nada por jugar—al punto de que en el partido donde sucedió mi lesión, los trofeos que NO nos ganamos estaban a la espera de un ganador (el cual no seríamos nosotros). De igual manera, lamentablemente (en lo personal), sucedió mi lesión cuando ya me estaba afianzando a la posición que sí sé jugar: ¿o sea? caí rendido después de que por fin—como secretamente soñaba—se me permitió jugar los partidos enteros sin salir substituido de la cancha.

Oportunidad que parece ser, dirían observadores independientes, aproveche a medias nada más.

Don Chon 4 (3)

Ahora, regresando a temas de actualidad—y al nexo de mis historias que implican a mi amigo de los abarrotes—, cabe recordar que como mencioné, asistí a la tienda de Don Chon a ver como quince minutos de partido entre MEX y CUR (México y Curazao pues).

Me parece que queda claro que a Don Chon le gusta mucho el fut—dice mi amigo que si no se hubiera chingado la rodilla cuando se cruzó el borde que a lo mejor le hubiera hecho la lucha para ganarse un llamado a la selección. Esto en parte, he descubierto, por que las contiendas futbolísticas le dan quebrada para recordar, en voz alta, que su tío de Jalisco (de Zapopan me parece que dijo) jugaba para la selección en los tiempos de blanco y negro, y que por eso el nunca va a abandonar al tricolor.

Esto último me parece que Don Chon lo dice por temas personales; ya que el hijo de una de sus primas, siendo ella también de Michoacán, a pesar de tener apellido paterno y materno en su identificación estatal—y ser de esas personas que muchos dicen, de manera por demás cabrona: “trae el nopal en la frente”—ha proclamado el muchacho que su equipo no es el Tri; en realidad, es aquel descrito por Diego Balado como: “el equipo de todos”, es decir, el de las barras y las estrellas (USA! USA!).

Dijo Don Chon una vez que no es por ahí el asunto, que cada quien haga lo que quiera en búsqueda de la felicidad (siempre y cuando no sea agarrar una bolsa de sabritas y pedirle a Don Chon que las apunte, por que eso no se hace). Argumento que suena bien progresivo y tolerante; pero si recuerdo bien, una vez me parece que dicho muchacho y otros de sus primitos llegaron a los abarrotes, mientras yo buscaba una soda de toronja, para solamente ser regresados por Don Chon bajo pretextos de que tenía que cerrar tantito el changarro—pero con voz quedita y entre dientes le espetaba al muchacho que se cambiara la camiseta (traía el joven pre-adolescente una jersey Nike blanca con el apellido DEMPSEY en el dorsal).

No le dije nada a Don Chon aquella vez, por que no lo conocía tanto. Pero el día del convivio para el juego anteriormente mencionado de la Copa Oro, le pregunté a Don Chon antes de que comenzara la transmisión que si no iban a venir los Chones a la tiendita a ver el partido; no hubo respuesta.

Las alineaciones fueron anunciadas, los himnos fueron cantados y el establecimiento contaba con unos 5 o 6 asistentes (incluido Don Chonás) cuando mucho. No dije nada nuevamente. Se dio el silbatazo inicial y zumbó como loco el celular Android del anfitrión y escuché como decía para si mismo: “Que la chingada”.

Pasaron 5, luego 10, y a eso de los 15 minutos de partido fuimos anunciados: “‘Orá pues, que ya vamos a cerrar”. Unas risas por un lado, un “no mam’s Don” por otro y miradas incrédulas por doquier. “No la chinguen” sentenció Don Chon y emprendieron la retirada todos buscando el televisor más cercano.

Personalmente le titubeé un poco, pensando si debía preguntarle al Don si todo estaba bien, que si que pasaba, o solamente retirarme… pero recordé lo que me mencionó Don Chon respecto al tirón sufrido: “Ira pues, es que ya depende de ti como manejes la situación, decía mi tío que cuando él jugaba no los llevaban al doctor luego luego ni tenían los aparatos de hoy día, era nomás de que te aguantas por qué te aguantas si quieres jugar”.

Palabras muy ciertas de Don Chon—digo yo, ya que no conozco a su tío.

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La hospitalidad de Don Chon

Pero sí, emprendí la retirada yo también recordando que hay ocasiones en las que uno se tiene que aguantar en el campo de juego o en el campo de la vida.

Yo no sé que mensaje haya recibido Don Chon, pero en la vida que ha llevado y ha tenido—asumo yo—, eso es algo más de lo que tiene que lidiar, y si es necesario, aguantar.

Uno no quiere lesionarse cuando va agarrándole la onda al asunto, así como uno no quiere recibir indiferencia por parte de los familiares a quienes busca uno proporcionarles mejor vida. Pero los accidentes de la vida ahí están, no pueden evitarse en perpetuidad.

Tarde o temprano, o te tropiezas o te dicen “I believe in America”—nuevamente, dependiendo la familia, que a veces son los Corleone los que dicen y escuchan ese credo.

Y será que quizás no siento ese tirón tan fuerte, tan primitivo y patriótico, de un lado o de otro que no puedo apropiadamente ponerme en los zapatos de Don Chon para ofrecer mejores consejos, pero a final de cuentas, ¿qué le puedo decir yo que me pongo camisetas de la selección nacional mexicana y encima chamarras de la selección nacional alemana?

El Desierto (4)

Hombría descarada

 

En los Estados Unidos, y hasta donde yo sé, no está bien visto el rollo de la violencia domestica; tengo también cierto entendimiento a priori de que tal premisa puede despertar pasiones torrenciales, ya que podría interpretarse como que se le está restando seriedad al asunto. Sin embargo hay que recordar que en otros lugares del planeta (potencialmente del universo tambor), ya sea mal o bien visto, el rollo de la violencia doméstica es parcialmente aceptado por la sociedad de manera implícita—así como usualmente lo es en esos mismos lugares la palabra de dios; más no la gravedad, evolución o ciencias exactas.

Y lamentablemente para mí, como aficionado al deporte y a la vez como ser capaz de consciencia y entendimiento humano-social moderno, sucedió recientemente que ese veneno del abuso a la pareja permeó los umbrales de organizaciones a las cuales aprecio (a mi manera cuasi-fanática) y, sinceramente, la respuesta obtenida hasta la fecha por parte de las mismas me ha dejado atónito.

Nótese que no digo aquí que la situación está gacha por el hecho de que asuntos de violencia doméstica hayan pasado repentinamente a la primera plana en el mundo del deporte. No, no va por ahí el asunto. Es más bien una exposición de lo visto, a través de los ojos del fanático, y de cómo tales sucesos atentan contra los bloques más internos de la fundación humana que tenemos como individuos.

 

Para eso mismo, me parece debo hacer un pequeño preámbulo (pero conciso y bien escrito) de lo sucedido:

Como mencioné lo ocurrido es algo tentativamente reciente. Sin embargo, el hecho de que haya grandes cruces respecto a violencia doméstica/deporte, no lo es. Eso mismo no es algo reciente, no es algo nuevo, no estoy insinuando que descubrí la curvatura del planeta ni tampoco supongo el hecho de que sea algo exclusivo ya sea del mundo industrial o de las naciones en desarrollo.

Esto sucede increíblemente desde los equipos de futbol en Brasil, donde la reverencia al deporte es vista con tintes religiosos y/o nacionalistas; hasta la NFL en los Estados Unidos, mismos tintes, donde cada temporada aparecen nuevas acusaciones contra dos o tres (docenas) de jugadores.

En lo que respecta al hemisferio sur americano, podemos traer de la memoria reciente los haceres y deberes de un club Brasileño, mismos que fueron bastante mal manejados. Aquí hablamos de Boa Esporte, club de la segunda división en Brasil, que decidió contratar al portero conocido monónimamente como Bruno, quien había estado en la prisión por un rato antes de ser contratado.

Quizás Boa Esporte pensó que sería bien vista la contratación, que sería una de esas historias donde, de manera por demás agraciada, deciden dar una segunda oportunidad al pobre Bruno y al final de la temporada todos reirían y celebrarían la visión tan generosa de sus directivos al arriesgarse con el portero del pasado criminal.

El asunto aquí es que Bruno se encontraba preso al haber sido encontrado culpable de ser el cabecilla de una conspiración criminal; operación que culminó con el asesinato y desmembramiento de una Eliza Samudio, los restos de la misma habiendo sido dados a los perros para que desapareciera cualquier rastro de su persona. Y todo esto debido a que Eliza Samudio fue, de acuerdo a la evidencia y al vox populi, amante por amplio tiempo de Bruno y terminó dando a luz un hijo concebido a consecuencia de dicha relación. Bruno negó a su amante e hijo, como suelen hacer los hombres, y después formó su grupo de conspiradores y asesinos.

Mientras que en el primer mundo los Gigantes de Nueva York (#GoGiants!) no contrataron a un asesino de cónyuges, sí se vieron también envueltos en una controversia repugnante y vergonzosa respecto a uno de sus jugadores “emblemáticos”. Uno podría decir que no existe paralela alguna; pero de todas maneras, lo que sí hicieron fue ocultar la verdad respecto a la vida de su pateador, Josh Brown, quien había abusado a su esposa física y verbalmente.

Pero no es solamente el hecho de ocultar la verdad, apuntar el dedo índice a otros hasta el cansancio y conspirar para silenciar a las víctimas con amenazas difamatorias. No, no es nada más todo eso—que ya es bastante malo en una escala moral de buen samaritano—lo que embarra de mentira el logo tan bonito azul, blanco y rojo de les géants.

Está detrás de todo eso la verdad inescapable de que el dueño de dicha organización, un fulano llamado John Mara, escondió la verdad admitida por parte de su jugador y, para que suframos más anonadación, lo recompensó ofreciendo una extensión a su contrato a la tonada de 4 millones de dólares—que a mi entender, es lo que sucede con todos los hombres que abusan a sus esposas.

 

Pero bueno hablemos ahora del Bayern Munich y sus fans, que ellos fueron quienes me rompieron el corazón de manera más reciente.

No obstante todo lo anteriormente mencionado (y al sinfín de conocimiento que puede adquirir uno a través del Internet), a uno de los jugadores del Bayern le dio por sentirse muy hombrecito mientras reñía con su esposa por cuestiones de dinero (hasta donde yo sé), al punto que las autoridades locales intervinieron en dicha disputa. Este jugador, Kingsley Coman, joven promesa francesa, admitió ante las autoridades que lo sucedido, o más bien, las acusaciones ante su propia persona son verdaderas—admite culpa vaya.

Pero, al parecer no basta que un hombre por su cuenta vaya y ande con sus impulsos eyaculativos de violencia y pocas palabras para perjudicar la imagen de un club deportivo que procura mostrarse siempre eficiente, cortés y honroso. No, para echar sal en la herida tienen que llegar los fanáticos a empeorar completamente el asunto y entre ellos mismos (no obstante las admisiones de las partes interesadas, y no obstante no hayan estado ellos ahí) defender y culpabilizar a quienes les convenga.

¿O sea?

Andan tirando shit a diestra y siniestra diciendo que nada es culpa de Kinglsey. Pobrecito. La única culpa que tiene, si les creemos a los del club de fans, es haber contraído matrimonio a los 19 años de edad. Y eso, de acuerdo a la lógica de ellos (los demás pues), lo excusa de la violencia doméstica—como lógicamente sucede con todos los hombres con tantita feria arriba del promedio.

Nuevamente, tengo la consciencia suficiente como para admitir que yo no estuve ahí y por lo mismo no puedo de manera definitiva dar o quitar culpa, como no puedo ni sentenciar ni perdonar sin que el sistema legislativo local al conflicto tome cartas en el asunto. Sin embargo, lo que sí me parece indicativo de algo, es la disposición del joven Kingsley de admitir culpa y, voluntariamente, proponer su declaración de culpabilidad en un tribunal francés por adelantado.

No le digan eso a los del club de fans por que, como mencioné anteriormente, la culpa es de otros…

Y bien, también debo aclarar el hecho de que—y esto no lo sabía yo—en Francia, las leyes también definen como violencia doméstica, disputas respecto a finanzas, o, el privarle a la pareja el acceso con paridad a oportunidades financieras o dineros ganados. Y esto lo digo por que después salieron a la luz otros reportes respecto a la naturaleza de la disputa entre monsieur Coman y su joven esposa, diciéndonos que la joven trató de accesar la cuenta de instagram de Kingsley para promover algún producto a cambio de una buena cantidad de euros, Kingsley se negó con vehemencia y, como sabemos, a final de cuentas las autoridades fueron llamadas.

¿Excusa ese trasfondo las acciones de Kingsley Coman? Yo digo que no. Y no por ser mártir o víctima o sumiso o por sufrir de falta de huevos. Lo digo por que el asunto de la violencia doméstica afecta a todas las personas, a unas más que a otras debido a las experiencias individuales, pero igual afecta.

Y, lamentablemente para mí como fanático, el hecho de que nadie (ni fans ni directivos) dentro del universo rojo en Munich diese la cara o, como mínimo, una declaración por escrito me hace sentir traicionado.

Una cosa es ir y perder en España contra el Club Atlético Madrid, contra el Real Madrid o el Barcelona; otra muy diferente, es esconder o ignorar a conveniencia las noticias negativas y las acciones negativas de sus jugadores. Quizás no es una “traición” clara a los fanáticos del club, pero sí lo es a la sociedad de la cual los mismos fanáticos y miembros del club deportivo forman parte…

Las crónicas de Don Chon (2)

NO SE VALE (O VALE GAVER)

[Sepa el lector que el posterior texto fue escrito por el autor previo al encuentro entre las selecciones nacionales de futbol asociación de Nueva Zelanda y México, el día 21 de junio, 2017. A final de cuentas parte de lo mencionado en párrafos siguientes no parece haber sido un factor determinante; por lo menos dependiendo del medio de comunicación que siga, ya que algunos hicieron referencia a “secciones pequeñas del público” y otros omitieron el tema controversial por completo. El autor admite de igual manera una totalidad de 3,476 groserías espetadas a la fecha, una de ellas ocurrida en un estadio…]

 

Me reporté con Don Chon el otro día, después de regresar de mis viajes de trabajo, estudiantiles, políticos y anexos—diría “El Perro” Bermúdez. Me recibió como siempre el abarrotero: de buena gana; por que a final de cuentas sabe que me va a hacer comprar unas papitas y una soda.

Y luego luego (dirían en Las Bugambilias, Hermosillo, Sonora, México) de llegar e intercambiar saludos, se dispone en ponerme al tanto de lo ocurrido en la Copa Confederaciones Rusia 2017. Esto debido a que me perdí la jornada inaugural de la competencia por el viaje otrora mencionado.

Dijo Don Chon que el uso de la tecnología va a terminar de matar al juego, que Rusia sí trae selección este año, que Chichadeus metió gol y que con él nada nos faltará puesto que es nuestro pastor y salvador, que quien sabe que fregados hace Layún en la selección, que Héctor Moreno va que vuela pa’ ser el nuevo Claudio Suárez; en fin, le sale lo azteca al buen hombre.

Pero, como suele suceder, llegamos a un punto de divergencia en la conversación: “son mamadas políticas”—atestaba el hombre de negocios. Y con ese lenguaje tan colorido, mismo que si se trata de limpiar no deja un enunciado coherente y digno de ser repetido, me parecía que daba validez a sus contrarios, en vez de mostrar el por qué son (como dijo en su vocablo coloquial) mamadas.

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Don Chon Inc. LLC

Resulta que FIFA, organismo que gobierna el futbol asociación, ya está tratando de ponerle un alto a algo que—ahora resulta—es tradición mexicana y, por ende, del futbol. Y no, no voy a censurar en posteriores párrafos lo que ellos buscan censurar, por que ya todos sabemos a que nos referimos; y, encima de eso, estoy citando textualmente a los fanáticos mexicanos. Es decir: el grito de “¡Puto!” al momento de despejar el portero contrario. Mismo que ha existido, por lo menos de acuerdo al conocimiento que tengo, desde que mi padre rondaba las aulas y pasillos de la Universidad Nacional Autónoma de México (circa 1978).

Por un lado sale Juan Carlos Osorio, el hoy director técnico de El Tri, a decir que todo es un malentendido internacional y que “no significa lo que creen que significa”.

Si uno cree en la inocencia del alma humana y la belleza del lenguaje expresivo, o en Don Chon, se le podría dar el beneficio de la duda al profe Osorio. Esto debido al reconocimiento histórico y léxico que se la ha dado al pueblo mexicano en lo que respecta a su uso del lenguaje español y su creación de coloquialismos, gentilicios, apodos, regionalismos y prosopopeya. Para ejemplificar, bien sabemos que Puto—ignorantemente, históricamente—es aquel hombre homosexual quien encima de su predilección por el falo, se dice es afeminado, muestra gusto por las telenovelas, los colores chillantes y, como decía un cómico guaymense de renombre, jotear. Ahora que a un conocido quien va de mujer en mujer, dándoles cama a todas sin crear necesariamente una relación emocional, puede ser llamado Puto de igual manera; pero solo por su grupo de amigos cercanos. Y, para terminar la santísima trinidad léxica, alguien quien se echa pa’tras, que le pedalea a las promesas, quien no le entra al tiro, quien exhibe cobardía al rajarse, será también un Puto.

“Por eso son mamadas”—sentenció Don Chon, después de expuesta su defensa al Putismo—“están agarrándola contra los puros mexicanos, es nomás en contra de nosotros, las mismas chingaderas de siempre, se van contra nuestras tradiciones”.

Bueno, pueden ser las de siempre, pero ¿son chingaderas?—repliqué a mi interlocutor.

 

Sí, el mexicano y su lenguaje son muy vivos, bien dicen en los pueblos de Aconchi y Oputo que uno “tiene más salidas que un cerco agujerado”. Sí, existe el sustrato semántico que historiadores y albañiles utilizan para defender lo que le espetan a personas del sexo femenino pasándolo, según ellos, como “piropos”. Sí, Chichadeus es nuestro pastor y con él nada nos faltará.

Pero tampoco podemos hacernos pato tan duro y por tanto tiempo, como para olvidar el hecho de que, en el nexo interno de su historia, a niveles atómicos y subatómicos de su ortografía e historia lingüística, el término Puto ha sido, sigue siendo, y, hasta que termine el falocentrismo mexicano, seguirá siendo usado como insulto primordialmente, primero dios. A poco no ha escuchado antes de cada tiro, pleito, pelea o contienda, desde la primaria hasta la edad adulta, a un contrincante gritarle al otro: “¡ábrete Puto!”—le propuse a Don Chon.

Y como aparte curioso, si no es insulto o nacido como tal, entonces ¿por qué el femenino de dicho organismo es considerado como la mejor, más común y más fácil manera de agredir verbalmente a una mujer? Usualmente precediéndole la palabra pinche.

Sí, es tradición—le dije al abarrotero cuando una mujer y sus tres críos dejaron el establecimiento—pero no de las buenas, ni de futbol. Uno podría proponer, que es una tradición de insulto y violencia.

’sas son jaladas mentales”—citó textualmente Don Chon a José Ramón Fernández, uno de sus ídolos—“¿A ver? ¿A que otro país lo castigan así? es puro odio y miedo al Tri”.

Bueno, hay tradiciones del futbol que pueden ser consideradas desde universales hasta locales como lo son: los jugadores calentando en la cancha antes de iniciar el partido pero cuando los aficionados ya se encuentran dentro del inmueble, la formación lado a lado para los himnos y fotografías antes de iniciar la contienda, la hinchada caminando en unísono al estadio, el intercambio de banderines previo al partido y camisetas después de, en fin.

Pero estaríamos peligrosamente mal informados si creemos que, conforme la sociedad humana ha evolucionado a través de la historia, las tradiciones del deporte y el aficionado NO han cambiado. Se han impuesto castigos a clubes y selecciones por comportamientos y conductas antideportivas, por cánticos o conductas racistas u homofóbicas (de entrada se pueden nombrar al Chelsea FC y a la selección Rusa recientemente).

Y de igual manera en la sociedad misma, han ocurrido cambios respecto a lo que es aceptable en una interacción social. Si uno cree que es nomás en México y al mexicano, ahí si pasa de mal informado a errado—le decía a Don Chon mientras atendía sus transacciones de negocios. En Alemania la swástica y las imágenes del Nationalsozialistische Deutshe Arbeiterpartei (el partido Nazi) son ilegales por razones y motivos históricamente obvios. Mientras que en los Estados Unidos de América, la sociedad misma poco a poco llevó a un desuso público (aunque no a una ilegalización) lo que hoy es conocido como “The N-word”, ¿o sea? Nigger—esto por supuesto lo susurré dentro de los abarrotes, después de haberme asegurado que ninguna persona afroamericana se encontrara en una distancia de 5 millas a la redonda.

’ira”—comenzó Don Chon con seriedad, después de meditar lo escuchado por unos segundos al terminar mi soliloquio—“es que todos sabemos que sí es en contra de los mexicanos”.

Repitiendo de esta manera el buen señor lo que todos los “incondicionales” de El Tri dicen al ser presentados con argumentos y/o evidencia respecto a este Puto detalle. Mismo que parece preocuparles mucho más que el #gasolinazo, el incremento de inseguridad pública en cada comunidad de la república, la disparidad respecto al porcentaje de población que vive bajo el índice de pobreza (no obstante el hombre más rico del mundo, 2010-2013, fuera mexicano), la intrínseca relación de la iglesia católica con la política mexicana; en fin, prioridades de la vida.

Yo no le puedo negar a Don Chon que el señor Infantino, actual presidente de FIFA, esté ensañado contra el cántico de Puto. Así como Mr. Ch no me puede negar lo que anteriormente le expuse.

La realidad que tenemos que ver ambos dos, es que siempre existirán personas que resistan el cambio (aunque sea este percibido como positivo por un porcentaje mayoritario de la población): Sí, la nación de Alemania hizo cambios respecto a sus tradiciones patrióticas y políticas; sin embargo aun existen focos de actividad Neo-Nazi y de la extrema derecha militante. Sí, ciertos coloquialismos han visto su uso descontinuado en el habla diaria americana; sin embargo el uso privado de los mismos continúa, y de igual manera han nacido coloquialismos secretos—aunque ni tanto, ahí está Andre Iguodala (jugador de los Golden State Warriors) escribiendo en Twittermah ninja slick”, como si no supiéramos a que se refiere con ninja.

Y así nos podemos ir: la bandera de la confederación en el sur americano, la visión del chilango como sub-humano en el norte de México, el apartheid que aun causa estragos en Sudáfrica, la relegación y deshumanización social históricas del sexo femenino en Japón y Corea.

No es nada más en contra del mexicano—le dije queriendo terminar el asunto, por que luego Don Chon te hace comprar cosas que no necesitas cuando le pides el baño—y si lo es habrá que entender, o por lo menos admitir, que existe la posibilidad de que sí esté sucediendo algo que nació en la picardía, creció en la tradición y envejeció a la grosería.

O que, ¿a poco todavía se juega futbol con balón de tiento, sin espinilleras y con botas de minero porque “son tradición”? Ahí es cuando pasa el fanático de la tradición a la conveniencia.

 

En honor a los recuerdos… (2)

Este fin de semana hubo eliminatoria mundialista, encuentros amistosos y todo aquello que le gusta a los fanáticos del futbol asociación (soccer). Lamentablemente, coincide con que sea el final de temporada de las ligas europeas y americanas (exceptuando la MLS).

Todo esto da un pequeño aparte para que los aficionados recuerden los motivos de por qué es que gustan de este deporte y hagan introspección respecto a la pasión que tienen respecto a sus equipos predilectos.

Cosa que yo hice hace algún tiempo, en otra plataforma y—quizás—para otro tipo de público. Pero no hay problema, aquí va de nuez para que nos vayamos conociendo:

http://www.la-chicharra.com/?p=4308

Las crónicas de Don Chon

REALIDAD Y ESPEJOS

Hay un equipo de futbol que compite en las ligas recreativas de Los Angeles llamado el Real Zamora. Nombrado así en honor al municipio en el estado de Michoacán, México; no en honor a un conocido escritor sonorense y sus derivados, como algunos de sus fanáticos piensan (tanto del equipo como del letrado).

Hablando de los fanáticos, el más famoso de ellos, quien de cariño bautizó al equipo: El Realito, es Don Chon (un hombre de negocios local); quien usualmente los lunes asiste a los partidos en apoyo a su equipo favorito de la “Universal 11×11 League – Los Angeles River” ©®.

No cuenta con una gran cantera el equipo, a veces aventándose juegos enteros sin jugadores en la banca; pero sí con integrantes emprendedores y con sus debidas personalidades peculiares. Esto último usualmente requerido en cualquier equipo deportivo.

Está el mediocampista chicano que trata de ilustrar lo que está sucediendo dentro de la cancha con un dicho… lamentablemente los mismos se quedan a medias y/o les inventa un nuevo desenlace: “es que estamos llegue y llegue y llegue al área, y ya saben lo que dicen: tanto va el cántaro por agua que pues, o sea, se rompe el cántaro ¿no?”—dice Don Chon que su favorita fue: “es que ya ven que el juego es como la del árbol y un columpio, o sea, el columpio pues va pa’ enfrente y va pa’trás ¿no?”.

Y así nos vamos: un delantero que es tan talentoso como es mercurial, un mediocampista que habla en gangsta’ rap noventero, el veterano que recuerda tanto a Salinas de Gortari como al primer presidente Bush, y todas las demás posibilidades dentro de los colores del aura humana.

Por supuesto que a estas alturas Don Chon los conoce a todos y le gusta mantenerse informado de los porvenires del Realito. Por lo que hace unas semanas, cuando Don Chon no se presentó al campo de juego en sucesión, me envió una paloma de texto para que me reportara a su cuartel (los abarrotes) a dejar el reporte del chisme…

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En esa ocasión el reporte oficial, que después sería repetido en Radio Formula y el Arizona Rancher’s Journal, era respecto a tres jugadores de la plantilla (a quienes llamaremos Felipe, Carranza, y, Pech, debido a los diversos niveles de legalidad e ilegalidad de sus historias), quienes pareciera se toman en serio eso de “quebrar tobillos”—dice Don Chon que son el yin del yang compuesto por “El Buitre” Butragueño, Philip Lahm (nunca expulsados en sus carreras) y Gary Lineker (cero expulsiones y cero amonestaciones, históricamente).

Pech, grande en proporción y peso, tiene también grandes ímpetus dentro del terreno de juego. Ahí lo pueden observar corriendo desde su propia área hasta el medio campo, con el propósito único de protestarle al árbitro o de empujar a un jugador del equipo contrario.

En uno de los juegos que le reportaba al Don, el árbitro confrontó a Pech… bueno, más bien Pech confrontó al silbante:

“¡¿Por qué no marcas bien?!” cuestionó el jugador del Real Zamora.

“No me diga como marcar” respondió el susodicho.

“Tan siquiera córrale cabrón” le susurró al oído Pech.

A final de cuentas el jugador del Realito pareció salirse con la suya, ya que el silbante solamente mostró la tarjeta de amonestación al jugador con el dorsal número 969, osease Pech.

Pareció—le dije a Don Chon, quien se había perdido dos encuentros esa semana—por que al terminar el partido y entregar su cédula el silbante al organizador del torneo, este último se acerco al entrenador/capitán/aguador del Real Zamora: el Calvo Aboytes (a quien también le regalaremos la defensa del anonimato, ¿por qué no?). Le dijeron al Calvo Aboytes que Pech iba a ser suspendido por acumulación de tarjetas.

Mientras que Pech, cuestionado por sus compañeros, renegaba: “nomás llevo cuatro wey”—“no m’ms’s el cuarto partido de la temporada” entrometió correctamente el Don.

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La bondad o disque inocencia deportiva de Pech, no parece hacer eco tanto en Felipe (número 441) como en Carranza (número 696). Ambos jugadores ya tienen una trayectoria histórica con el Realito: uno es cuñado y otro es “compa” del Calvo Aboytes; así que su lugar en la escuadra deportiva no es cuestionado.

Lo que los analistas—entre ellos John Laguna, André Marin y hasta el bufón de Martinoli, que no le caen bien a Don Chon—cuestionan en este dúo es: el temple y el comportamiento en el campo de juego.

Felipe, con todo y el collar del arcoiris que carga, tiene una tendencia de jugar como si Germán Villa hubiera inhalado el alma de Isaac Terrazas; lo que como consecuencia deja una multitud de encontronazos, empujones y tarjetas rojas. Por su parte Carranza parece que todavía lleva el recuerdo mitocondrial de villistas y zapatistas.

Peor tantito cuando se empalman las broncas de uno con las de otro. Como sucedió el día jueves contra el equipo rojo—“pos’ ya sabe que no” dijo Don Chon al preguntarle si comenzará a ir los jueves como me encargó el Calvo Aboytes.

Dominaba el Realito y el marcador se mostraba 3 a 1 a favor de los negriamarillos—retomé la narrativa—cuando faltando aproximadamente unos 15 minutos de juego se desató un caos violento y vergonzoso.

En el campo, Felipe decidió entrarle por detrás y con los tachones en alto a un contrincante que se dirigía directamente, y sin acompañamiento, al guardameta del Realito. Se la pagaron con una expulsión de esas de roja directa.

Uno podría darle el beneficio de la duda a Felipe y decir que “se le fue el rollo”, pero como Don Chon mismo dice: “ya está medio ruco el amigo”. Y es que es mañoso para jugar (por no decirle más feo). Es de esos que te pisan la punta del pie para evitar que ganes un balón en el juego aéreo o que buscan conectarte con el codo en las costillas cuando peleas el balón dividido—“canchero” dice siempre Don Chon.

Si al momento de ser expulsado Felipe hubiese aceptado su castigo prontamente con el orgullo herido, otro chisme se le pasaría al buen comerciante. Pero en lo que unos alegaban que no iba directo y en lo que el número 441 cortaba mangas a diestra y siniestra, amenazando con tirar jodazos a lo loco; súbitamente se escuchó a Carranza gritar: “¡órale cabrón!”.

Acto seguido las cámaras captaron el momento justo en el que el número 696 conectó un codazo (nótese, no un jodazo) en el parietal derecho de un jugador de rojo. El jugador del equipo contrario recibió el contacto, lo asimiló y le regresó el detalle al jugador del Realito en cuestión de segundos y centésimas.

Y ahora sí, a soltar chingazo y medio.

“¡No mames, cada pinche partido!” fue el slogan final de dicha pelea y contienda. Terminando la noche prometedora con un amargo y hediondo 3 a 3 final—“que por supuesto supo más a derrota que a otra cosa para el Real Z” sentencié el reporte y me retiré.

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Es como Don Chon repite los lunes, jueves, o fines de semana: “pos’ uno tiene que aceptar los resultados; tenga o no tenga que ver con los mismos pues”. Me parece que se refiere a que a veces se pierden los partidos no por que se hayan hecho totalmente mal las cosas, a veces es porque un jugador de entre los once perjudicó a los demás.

Yo pienso que tiene razón el amable abarrotero. Y es una razón que se aplica tanto en el deporte como en la vida: de igual manera tenemos que aceptar leyes o reglas que nos gusten o no.

Hoy en día en las tierras del Realito, ciudadanos y misceláneos tienen que aceptar las leyes de un presidente de color sospechosamente naranja. No por que uno (el uno literal) tenga la culpa; a veces es por que el 58% de las mujeres blancas, 7 de cada 10 hombres blancos y un montón de cubanos en Florida (#NeverForget) lo decidieron con sus votos un día de noviembre.

Bien dijo el Calvo Aboytes al final del partido reportado, otra vez como capitán/entrenador/aguador: “Oye wey, pero y sí, ahí a la otra sin pleitos. Que si vienen los chota, amanecemos mi compa y yo en México; ¿y mis hijos? acá bien gracias se quedan sin su jefe”.

O, en palabras del portavoz del Realito: “pues es que, o todos traemos la cola así, ya saben, larga… o pues, entonces, andamos todos sin cola ¿no?”