Las crónicas de Don Chon (5)

Ca-ca-ca-ca-cambios

[Sepa el lector que el título es un intento de traducción y juego de palabras basado en la canción Changes del hoy difunto artista David Bowie]

 

Ahí donde la ven hay cosas que son y pueden ser, pero la permanencia universal es usualmente concretada (y concentrada) en lo que a ciencias exactas respecta. Por lo que me parece por demás curioso como las personas tratan de utilizar constantes matemáticas transportadas a temas sociales o de convivencia humana, siendo que objetivamente no sería posible darle tales usos.

Otro de los—a mi ver—errores que cometemos los seres humanos, en lo que a permanencia y absolutos se refiere, es tratar de aplicar los mismos a las masas deportivas de fanáticos y atletas. Mismo bolo que tiene una relación simbiótica por demás mayor a la que tenía Spiderman con Venom, Ernesto Zedillo con Salinas de Gortari o Hermes con Zeus.

Es, en mi opinión, como si las personas no quisieran aceptar que las cosas cambian, que de un día a otro se puede retirar un atleta, puede perder un equipo, puede coronarse otro campeón; y a la temporada siguiente puede pasar lo mismo, pero con los nombres y los colores cambiados. Es decir, la permanencia tampoco aplica en los deportes.

Y, por mucho que les duela a las personas—o les arda, dependiendo de que parte de Latinoamérica sean los observadores imparciales—que existan esos cambios y movimientos tectónicos, en lo deportivo y social, hay que exponerlos, asimilarlos y aceptarlos; que hasta en la CONCACAF suben y bajan los equipos por el tobogán de la vida y las jerarquías…

 

Y sí (dirían algunos miembros del Real Zamora), así son las cosas. Por que por más mierda que le quieran echar a un tal Juan Carlos Osorio, no existe constante alguna de permanencia en el deporte que él haya quebrantado. Mucho menos en un ámbito deportivo tan viciado como lo es el del fútbol asociación.

Y no nomás estamos hablando de las barrabasadas que ocurren en CONCACAF, en la Liga MX o en FeMexFut; que ahí está la MLS borrando el ascenso y el descenso de sus planes a futuro, ahí está US SOCCER pidiendo transferencias de jugadores de otras federaciones a la suya para que puedan jugar los mismos en Rusia 2018, ahí está también La Liga española y la pasarela sin fin de jugadores que abusan del sistema fiscal/tributario. En fin.

En mi opinión, nos daríamos por bien servidos si decidiéramos entender que nadie es inmune en estos asuntos. Pero no. Prefieren indignarse, armar un escándalo y buscar chivos expiatorios extranjeros cuando le pasa algo al Tri.

Y luego peor tantito si es que México es eliminado por Jamaica, porque ya se ponen más cabrones todos los miembros de la perrada. Diciendo que se está malogrando el buen nombre de la selección nacional (y del país) cuando pasan esas cosas—¡Ah! Pero no vaya a ser que el aficionado vaya a mentarle la madre al técnico en público, que ahí está defendiendo a la patria nomás (‘ta weño).

Salen analistas, comentaristas, hasta ex-jugadores a hablar en contra del técnico, los federativos, las secuelas religiosas de la conquista española en la Nueva España, y del técnico; en fin, de repente se vuelven expertos en lo geopolítico-social. Les da amnesia, también hay que admitir, ya que salivan añorando las épocas doradas del Tri antes de que fueran manchados los buenos recuerdos por unas manos llenas de café.

Pero yo pregunto, ¿a que época dorada se refieren? ¿a los días en que México se encontraba entre el top 10 del ranking internacional de FIFA? ¿acaso respecto a El Tri que fue alguna vez ganador de una copa mundial en las últimas dos décadas y hoy ya no lo es?

Señores—y señoras también, que de seguro también le han de mentar la madre dos que tres madres (e hijas)—esa nunca fue la realidad. Esa gloria y esa época de oro, no han sucedido aun, están extrañando un pasado que no ha existido.

 

Pero bueno, esas son cosas que muchas veces uno las habla fácilmente; pero a la hora de la hora—machín rín, dirían las personas de la colonia Cuauhtémoc en Hermosillo, Sonora—cuesta mucho trabajo aceptar la realidad y acatar ordenes y hechos.

Lo digo por que hasta a mí—en papel de narrador y protagonista—me ha pasado. Más recientemente en el nuevo torneo al que fue inscrito el Real Zamora, donde en la primera jornada me di cuenta que sufrí un cambio de posición sin haber sido consultado.

’Ora wey, tú vas a la delantera y yo entro por ti ¿va?”—fue lo que me dijo el Calvo Aboytes cuando estaba alineando al equipo, ya dentro del campo. Encima de eso, también me tocó juntar el dinero para el árbitro durante el medio tiempo, ni pez.

El resultado final fue una victoria 2-1 favor al Realito, lo que nos adjudica los primeros tres puntos del nuevo torneo; mismo que se decidirá a base de puntos después de 12 jornadas.

Don Chon, quién ya regresó como patrocinador y espectador, dice que la nueva alineación del equipo: “’tá bien”. Y como a mi no me parece tanto se lo dije y le expliqué como las ultimas posiciones en las que jugué futbol asociación de campo fueron en la defensa central, que de delantero no juego desde los tiempos de la preparatoria (cuando comenzó el milenio).

El abarrotero nomás me escuchó todo lo que le decía.

’Ira,”—comenzó seriamente Don Chon—“la verdad que yo sigo pensando que está bien”.

Expuso Don Chon un punto clave al decir que sí, quizás yo me siento más a gusto dentro del campo en la posición de defensa central; pero, si el equipo se va a estar alineando solamente en base a como me encuentro más cómodo, entonces ya tenemos las de perder desde el inicio. “Chanza”—prosiguió el buen hombre—“y lo que quieren es jugar de otra manera”.

Con un poco de introspección, análisis y memoria, puedo estar de acuerdo con Don Chon en ciertos puntos. Ya que al plantarme en la delantera, sí jugó de manera distinta el equipo. Y no lo digo por que yo sea el factor clave y el que dictamina cuantos pares son tres moscas, sino debido al hecho de que al utilizar otra línea defensiva, da lugar a otra escuadra de mediocampistas; ambas líneas jugando de manera muy distinta a como había estado jugando nuestro cuadro bajo en las ultimas jornadas del previo torneo.

Entonces, aquí lo indicativo es que si el resto del equipo se concretaba y aplicaba una adaptación posicional y de jugadores, entonces ¿qué me previene aceptar una posición como delantero?

Admitir sinceramente que no soy ni un Zlatan, ni un Cantona, ni mucho menos un Chichadeus—que todos sabemos sólo hay uno—, no es excusa para mostrarme en desacuerdo con el equipo y sus directivos. El requerimiento mínimo, es tratar.

DonChon5(2)

Me pareció acertado el comentario de Don Chon. Pero a la vez curioso. Curioso como una persona puede tan perceptivamente captar esos detalles del deporte y explicarlos a aquellos quienes lo tienen tan de cerca. Curioso como una persona capaz de captar todo lo anteriormente mencionado se muestra tan renuente a aceptar que la realidad de México como potencia gigante, quizás ya es añeja al punto de necesitar retirarse.

Pero no debe ser tan sorpresivo, por qué de igual manera como internamente puedo sentir que soy mejor defensa central que delantero; hay una infinidad de personas que hasta la muerte sentirán que México (o el equipo nacional de su predilección) es mejor, no nada más que Jamaica y Honduras, sino que es hasta mejor que Francia, Argentina y Alemania.

De igual manera (por infinitésima ocasión), de un día a otro le dio a Don Chon por cerrar el changarro y mudarlo a otros rumbos. Y ahí sí: sin consulta, sin preguntas, sin dar los buenos días o las buenas noches; nomás avisando cuando se encuentran con el changarro vacío los derechohabientes.

Bien dicen: “cambios…”

DonChon5(3)
El licor está cerrado…
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Echoes of the City (6)

Life… out of the back of a truck

 

It’s neither uncommon nor unheard of, but it’s also not everyday of the week one happens upon someone who appears to be asleep in their vehicle, be it a car or a truck—it’s obviously harder to sleep in a motorcycle or bicycle. Yet, that’s what happened to me on a Monday in July of 2017, as I started the week.

The woman was well dressed, at least by hipster-millennial standards (and by people-who-live-in-their-car standards as well), and I saw her as she was fashioning her belt and jacket over her somewhat wrinkly white dress—in all honesty it could’ve been a skirt/blouse combo, I did not have the time to properly discern, catalogue and critique her outfit. But the foremost thought in my mind, as I sped by on my way to work, wasn’t necessarily related to what she was wearing, it was: why is she getting dressed out on the street?

As I inched closer to her and the parked small (-ish?) Ford (maybe?) pick-up truck with a camper covering the back, I witnessed a brief glimpse of the answer. Or what I thought the answer was at the very least.

A bed had been fashioned in the covered back of the truck and there appeared to be drawers beneath said bed. The woman was standing by the truck with the back door open and was grooming herself. Ergo, the woman was sleeping in the truck and utilizing it as her abode.

That was my gut instinct…

EOTC6 (3)
Was this the same vehicle?

And though—as I said previously—it’s not everyday that one happens upon someone who’s hiding from the inclemencies of weather in their vehicle, this is still the city, the concrete jungle; and, as we all know by now, the city of angels does face a housing shortage. Well, no, let’s talk about it as adults who speak to children: it’s not necessarily a housing shortage, rather, an affordable housing shortage.

I was reminded of that very same fact the next day of my chance encounter, as I drove through the same streets where not 24 hours ago I had seen a blonde woman getting ready for her day in the middle of the street.

Just like it happens after every local or county-wide election, just like it happens after every national election, and just like it happens whenever there is an officer involved shooting of an unarmed man of color, it boils down to housing: where we live, where we want to live, where we are able to live, where we are allowed to afford a place to live, and multiple variations of the same questions and/or statements.

To some it appears to be a never ending issue/cycle without any viable solution in sight—to the point of some cynically seeing it all as “necessary evils” of modern city life. However, at least to me, the reality should be perceived more along the lines of “if the city and our society have not yet ended and are still evolving, then, how come the issues of society needed to be over yesterday?”.

I admit that I am not a social scientist, nor am I an economist; but I do believe that I have enough common sense to know that if our societal evolution has not yet reached an apex, then that should mean, even if by elimination, that the solutions to our problems as a society have also not reached a cusp point.

That’s what tumbled back and forth in the old brain of mine as I approached the area where I had seen the woman the day before. And as I suspected she was not there to be seen again, but I wasn’t surprised really. After all, this is a giant of a city and more often than not, changes take place one after another like a snowfall: from one minute to the next there is free parking and then there is street cleaning on Tuesdays; there is an ever swelling group of children at a given street light and then the streets are completely deserted; there is a clear path through surface streets and suddenly you are stuck in bumper-to-bumper traffic without warning, those are the alchemic reactions of life in a modern city—someone could say, if they wished to add the sweetness of poetry to their life and surrounding events.

EOTC6 (5)
It is said we all want to live…

These changes—and many more which were not aforementioned but seemingly carry the same weight—happen every day, and one usually following the other in rapid succession; but not only in our surroundings, as we have built them through the centuries of human life. These changes also happen in the radio spots we listen to daily, in the programming of our TV’s, and, most importantly, in our livelihoods—work today, fired tomorrow.

So it was in my life as well, that I had been reminded of the conflicts regarding housing and affordable housing one day, the next? I’m hearing about the trials and tribulations of American progressive rock in the late 60s and 70s.

As I continued driving, Tool and the homeless encampments went by, and I thought more and more about it, about the reality of how but by a few cents and the grace of god—if you believe in said entity—it could’ve been myself, or, later, my wife and I who were out on the streets. Thankfully for us, that never came to pass.

But what about all the others who were caught in the snowfall of current events? What about those who weren’t lucky enough to escape the fate of the homeless encampments? Or what about those many individuals with names whom I knew and then were gone? Well, it would seem that the pages of history have to be filled somehow…

The desert (2)

In a scale of North Korea to Freedom, how American are you in general?

 

If the calendar and my memories do not fail me, as they do individuals of a certain age, I believe it was early last week when I saw the survey. I didn’t know initially what the ultimate intention of the questioning was, after all I was just seeing the first query; although now and thanks to the 20-20 hindsight, with the added understanding of living in the a posteriori life, and after having seen the totality of the questions and the context in which they were posed—specially with the awareness of this appearing a day before the oh-so-holy 4th of July—it’s more or less clear to me what a possible intent could’ve been.

But at the very least the first question tried to start the charade off with a semblance of parity:

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Ah yes, the age old question “are we heading in the right direction?” asked without a clear explanation or definition of what a right or wrong direction can be.

Yes, there are clear actions that can be defined as wrong with a heightened sense of morality, or with a heightened sense of social equality, or under religious parameters, or under an ecological point of view. Under those certain subjective guidelines of life, as well as many others, there can be a clear distinction of both right and wrong; but, the belief that those terms are universal and can be used in an equal exchange of ideas and/or rectitude is—at the very least to me as narrator/author of whatever this text may be—somewhat misguided.

We forget the simple yet notorious truth that human life is not homogenous and that it has not been so through the years of humanity forming societies. Human life has so far been, or appears to be, an experiment of conciliating differences.

We forget that truth, regardless of the fact that our current era is one of points of view having more validity than facts, will be a constant. It will be a universal constant of undeniable facts, measurements, tests, adjustments, and re-tests.

If it were as simple as driving a metaphorical vessel from right to wrong, or vice versa, then course corrections would be the everyday norm and it would be, ideally, painfully clear when one was mistaken and needs to be chastised or decried—unfortunately, our every day life of discourse (or lack thereof) and leadership (or lack thereof) has made clear that that is not the case.

And, to me, the survey went in a sad down-hill self-aggrandizing direction from there:

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That’s a hard one. But hey, the survey designer should get his commendation for being able to craft multi-level questions that encompass philosophy, taste, emotion, geography and politics in one.

We are not told what construes to be an American, or which actions are defined as inherently American and which aren’t. Additionally, we are not given an example of how such pride may be felt and/or interpreted or espoused.

It may sound silly to some—usually to those who are sitting in their computer rooms in houses that great-grandpa bought after the depression, or the war, and where a same family unit has resided for decades and didn’t have to work through high school to pay for college. But why should it be considered silly?

There are still those in this world who are confronted with an impossibility of tasks to meet up and check-boxes to fill so that they can be considered “worthy” of a given nationality—in this case the American one. It is very self-serving to believe blindly in the fact that those parameters can be applied to ALL situations and ALL circumstances.

What pride can you feel for your own existence, when the fact is that you took no part in creating the self? The nationalistic pride alluded to is somewhat confusing, because you just are, by being born between certain parallels and meridians you became and no one, up to this point in history, questions that.

Yet someone who decides to leave the place where he or she was born, to travel, to toll, to work, to learn, to endure hardships, to not just survive but live and experience everything that there can be (bad and good), and, ultimately actually attaining a nationality, a membership into a different country, thanks to their knowledge, to their achievements, thanks to their own two hands, and by swearing an oath; that person (those persons) has done more than just being born, and still, after completing everything I just mentioned, the labeling is done so that they immediately fall within those who are questioned the most—listening until the end of the days the never ending: “Where are you REALLY from?”.

That is something, I believe, the survey was leaving out of the questions posed—which, incidentally, were not over yet.

But, again thanks to the survey designer, shades and levels of complexity as-of-yet unseen in online polling were added to what would otherwise be mundane queries; here turning from philosophical and geographical to quantitative and qualitative in one quick turn:

Desert2 (3)

 

It was quite something. Maybe that’s what they are referring to whenever they bring up the term: “American ingenuity”. The ability of grasping concepts that would otherwise be complicated and in need of abstract thinking, by superimposing them into the everyday lives of the general populace—which is the basis of the American political system, some historians have said. Such ideas and effects are quintessentially American and, thus, worthy of being celebrated.

Or, a tad more cynically, there exists the possibility of the authors of the study being referenced here having been caught just pandering to the festive and patriotic mood of the masses. In search of some sort of “click-bait” type of effect perhaps—although those usually involve the name of a given celebrity and an implication of possible nudity.

Maybe, if we were able to survey those who completed and assisted in the aforementioned survey, then those results could help us clear our doubts…

El Desierto (4)

Hombría descarada

 

En los Estados Unidos, y hasta donde yo sé, no está bien visto el rollo de la violencia domestica; tengo también cierto entendimiento a priori de que tal premisa puede despertar pasiones torrenciales, ya que podría interpretarse como que se le está restando seriedad al asunto. Sin embargo hay que recordar que en otros lugares del planeta (potencialmente del universo tambor), ya sea mal o bien visto, el rollo de la violencia doméstica es parcialmente aceptado por la sociedad de manera implícita—así como usualmente lo es en esos mismos lugares la palabra de dios; más no la gravedad, evolución o ciencias exactas.

Y lamentablemente para mí, como aficionado al deporte y a la vez como ser capaz de consciencia y entendimiento humano-social moderno, sucedió recientemente que ese veneno del abuso a la pareja permeó los umbrales de organizaciones a las cuales aprecio (a mi manera cuasi-fanática) y, sinceramente, la respuesta obtenida hasta la fecha por parte de las mismas me ha dejado atónito.

Nótese que no digo aquí que la situación está gacha por el hecho de que asuntos de violencia doméstica hayan pasado repentinamente a la primera plana en el mundo del deporte. No, no va por ahí el asunto. Es más bien una exposición de lo visto, a través de los ojos del fanático, y de cómo tales sucesos atentan contra los bloques más internos de la fundación humana que tenemos como individuos.

 

Para eso mismo, me parece debo hacer un pequeño preámbulo (pero conciso y bien escrito) de lo sucedido:

Como mencioné lo ocurrido es algo tentativamente reciente. Sin embargo, el hecho de que haya grandes cruces respecto a violencia doméstica/deporte, no lo es. Eso mismo no es algo reciente, no es algo nuevo, no estoy insinuando que descubrí la curvatura del planeta ni tampoco supongo el hecho de que sea algo exclusivo ya sea del mundo industrial o de las naciones en desarrollo.

Esto sucede increíblemente desde los equipos de futbol en Brasil, donde la reverencia al deporte es vista con tintes religiosos y/o nacionalistas; hasta la NFL en los Estados Unidos, mismos tintes, donde cada temporada aparecen nuevas acusaciones contra dos o tres (docenas) de jugadores.

En lo que respecta al hemisferio sur americano, podemos traer de la memoria reciente los haceres y deberes de un club Brasileño, mismos que fueron bastante mal manejados. Aquí hablamos de Boa Esporte, club de la segunda división en Brasil, que decidió contratar al portero conocido monónimamente como Bruno, quien había estado en la prisión por un rato antes de ser contratado.

Quizás Boa Esporte pensó que sería bien vista la contratación, que sería una de esas historias donde, de manera por demás agraciada, deciden dar una segunda oportunidad al pobre Bruno y al final de la temporada todos reirían y celebrarían la visión tan generosa de sus directivos al arriesgarse con el portero del pasado criminal.

El asunto aquí es que Bruno se encontraba preso al haber sido encontrado culpable de ser el cabecilla de una conspiración criminal; operación que culminó con el asesinato y desmembramiento de una Eliza Samudio, los restos de la misma habiendo sido dados a los perros para que desapareciera cualquier rastro de su persona. Y todo esto debido a que Eliza Samudio fue, de acuerdo a la evidencia y al vox populi, amante por amplio tiempo de Bruno y terminó dando a luz un hijo concebido a consecuencia de dicha relación. Bruno negó a su amante e hijo, como suelen hacer los hombres, y después formó su grupo de conspiradores y asesinos.

Mientras que en el primer mundo los Gigantes de Nueva York (#GoGiants!) no contrataron a un asesino de cónyuges, sí se vieron también envueltos en una controversia repugnante y vergonzosa respecto a uno de sus jugadores “emblemáticos”. Uno podría decir que no existe paralela alguna; pero de todas maneras, lo que sí hicieron fue ocultar la verdad respecto a la vida de su pateador, Josh Brown, quien había abusado a su esposa física y verbalmente.

Pero no es solamente el hecho de ocultar la verdad, apuntar el dedo índice a otros hasta el cansancio y conspirar para silenciar a las víctimas con amenazas difamatorias. No, no es nada más todo eso—que ya es bastante malo en una escala moral de buen samaritano—lo que embarra de mentira el logo tan bonito azul, blanco y rojo de les géants.

Está detrás de todo eso la verdad inescapable de que el dueño de dicha organización, un fulano llamado John Mara, escondió la verdad admitida por parte de su jugador y, para que suframos más anonadación, lo recompensó ofreciendo una extensión a su contrato a la tonada de 4 millones de dólares—que a mi entender, es lo que sucede con todos los hombres que abusan a sus esposas.

 

Pero bueno hablemos ahora del Bayern Munich y sus fans, que ellos fueron quienes me rompieron el corazón de manera más reciente.

No obstante todo lo anteriormente mencionado (y al sinfín de conocimiento que puede adquirir uno a través del Internet), a uno de los jugadores del Bayern le dio por sentirse muy hombrecito mientras reñía con su esposa por cuestiones de dinero (hasta donde yo sé), al punto que las autoridades locales intervinieron en dicha disputa. Este jugador, Kingsley Coman, joven promesa francesa, admitió ante las autoridades que lo sucedido, o más bien, las acusaciones ante su propia persona son verdaderas—admite culpa vaya.

Pero, al parecer no basta que un hombre por su cuenta vaya y ande con sus impulsos eyaculativos de violencia y pocas palabras para perjudicar la imagen de un club deportivo que procura mostrarse siempre eficiente, cortés y honroso. No, para echar sal en la herida tienen que llegar los fanáticos a empeorar completamente el asunto y entre ellos mismos (no obstante las admisiones de las partes interesadas, y no obstante no hayan estado ellos ahí) defender y culpabilizar a quienes les convenga.

¿O sea?

Andan tirando shit a diestra y siniestra diciendo que nada es culpa de Kinglsey. Pobrecito. La única culpa que tiene, si les creemos a los del club de fans, es haber contraído matrimonio a los 19 años de edad. Y eso, de acuerdo a la lógica de ellos (los demás pues), lo excusa de la violencia doméstica—como lógicamente sucede con todos los hombres con tantita feria arriba del promedio.

Nuevamente, tengo la consciencia suficiente como para admitir que yo no estuve ahí y por lo mismo no puedo de manera definitiva dar o quitar culpa, como no puedo ni sentenciar ni perdonar sin que el sistema legislativo local al conflicto tome cartas en el asunto. Sin embargo, lo que sí me parece indicativo de algo, es la disposición del joven Kingsley de admitir culpa y, voluntariamente, proponer su declaración de culpabilidad en un tribunal francés por adelantado.

No le digan eso a los del club de fans por que, como mencioné anteriormente, la culpa es de otros…

Y bien, también debo aclarar el hecho de que—y esto no lo sabía yo—en Francia, las leyes también definen como violencia doméstica, disputas respecto a finanzas, o, el privarle a la pareja el acceso con paridad a oportunidades financieras o dineros ganados. Y esto lo digo por que después salieron a la luz otros reportes respecto a la naturaleza de la disputa entre monsieur Coman y su joven esposa, diciéndonos que la joven trató de accesar la cuenta de instagram de Kingsley para promover algún producto a cambio de una buena cantidad de euros, Kingsley se negó con vehemencia y, como sabemos, a final de cuentas las autoridades fueron llamadas.

¿Excusa ese trasfondo las acciones de Kingsley Coman? Yo digo que no. Y no por ser mártir o víctima o sumiso o por sufrir de falta de huevos. Lo digo por que el asunto de la violencia doméstica afecta a todas las personas, a unas más que a otras debido a las experiencias individuales, pero igual afecta.

Y, lamentablemente para mí como fanático, el hecho de que nadie (ni fans ni directivos) dentro del universo rojo en Munich diese la cara o, como mínimo, una declaración por escrito me hace sentir traicionado.

Una cosa es ir y perder en España contra el Club Atlético Madrid, contra el Real Madrid o el Barcelona; otra muy diferente, es esconder o ignorar a conveniencia las noticias negativas y las acciones negativas de sus jugadores. Quizás no es una “traición” clara a los fanáticos del club, pero sí lo es a la sociedad de la cual los mismos fanáticos y miembros del club deportivo forman parte…

Las crónicas de Don Chon (3)

YO SOY ESCARTAPO

[Memorias por parte del autor respecto a su participación en el grito que la FIFA busca eliminar por parte de la afición mexicana, sucedidas las mismas dentro del partido México contra Jamaica por parte de la Copa América Centenario en el Rose Bowl de Pasadena, California, un Jueves, 9 de junio del 2016]

 

Mientras corría mis vueltas a la cuadra (cuesta arriba en dirección al sur y cuesta abajo regresando al norte), buscando ganarle la carrera a la diabetes y la alta presión, me topé a lo lejos con Don Chon quien me pidió acompañarlo en lo que iba a su casa, que por qué me quería decir unas cosas.

Al ir caminando a la par del abarrotero, nació en mi el reconocimiento de saber a donde le estaba tirando Don Chon con sus argumentos; pero de igual manera, nació una pregunta que nunca antes me había interesado: “¿en dónde vive Don Chon?”. Respuesta que obtendría más adelante y solamente a medias.

CDDC3 (3)

“a ver sicierto ¿no qué no?”—acusó finalmente Don Chon, regresándome a la sudada realidad. Pero pues como yo ya le había dicho que sí, entonces, ¿ni modo que no? y todo esto yo sé que me lo cuestiona por la platica anterior que tuvimos, donde salió a relucir el grito ese mañoso y latoso al despertar el portero contrario.

Sí—finalmente le contesté al hombre de corta estatura.

Fue hace como un año que sucedió, en el México contra Jamaica de la Copa América Centenario, pero a final de cuentas fue.

Por eso ni modo de decirle cosas que no son ciertas, yo ya le había dado a entender, cuando recién le había platicado que asistí al partido, que fui partícipe del cántico homofóbico. Curiosamente, por lo menos en mi experiencia, lo viví de muchas maneras, ya que fui partícipe como aficionado al Tri; pero de esos que dicen “ni madres no me importa la selección” en público, pero que ahí andan despejando la agenda cuando se dan cuenta que juega la selección y tienen compromiso previo.

De igual manera viví lo sucedido como una novedad, ya que acompañándome se encontraba mi esposa y sus compañeros de trabajo (el dueño de su empresa y asociados). Cabe mencionar que a pesar de tener todos ellos nombres y apellidos hispanos, su lengua madre es el inglés y su equipo es el de las barras y las estrellas. Sin embargo todos ellos, al llegar al Rose Bowl mi esposa y yo, comenzaron a preguntarnos, debido a nuestro experto manejo del español, respecto al grito y la manera y el momento en el que debían gritar Puto (que no hay mucho pierde respecto a la inflexión de la palabra la verdad, pero ahí andaban afinando detalles).

Dentro del estadio, en el graderío, se sucedieron uno, dos, tres despejes de meta por parte del portero jamaiquino y se escuchó una, dos, tres veces el grito. A la cuarta ocasión, cuando el portero se tomó más de la cuenta para despejar, las personas junto a nosotros extendieron sus manos hacia el portero y comenzaron ese zumbido de: “eeeeeeeeeeh”, que continúa en crescendo “EEEEEEEEEH”, esperando el despeje de portería; el cual, nuevamente, no llegaba.

Debido a la demora, la persona a mi derecha llamó mi atención con un codazo suave y me miró subiendo y bajando sus cejas, su mensaje: “únete ca’ón”. Me uní. “eeeeeeeeeeeeEEEEEEEEEEEEH  ¡Puto!”.

Risas por doquier. Mi esposa y sus compañeros de trabajo aplaudían y reían, y después aplaudían a Chichadios por habernos bendecido la tarde con un gol.

El quinto despeje de meta fue la mesma; gritamos y nos reímos todos, como cuando dicen groserías los niños imitando a los adultos. El sexto… ahí cambió la dinámica.

El portero jamaiquino nuevamente se demoró y al enfilarse a despejar, se detuvo y acomodó el balón de nueva cuenta; sin embargo, el público presente se fue con la finta y gritaron antes de tiempo.

Así que al acomodar el balón el portero, y demorarse nuevamente, comenzó el murmullo en crescendo y, nuevamente, se fueron todos con la finta ya que no despejó el amigo. Y ahí sí, despertó la perrada.

“¡Pinche negro ya le gustó ser puto!” gritó alguien del graderío y estallaron las carcajadas en la cabecera donde nos encontrábamos. Seguido todo esto por un cántico similar a una canción de Molotov.

La esposa del jefe de mi esposa nos miró y preguntó entre sonrisas: “what did that guy scream?

Nothing.

 

Supongo que pude haber sido menos dramático y decirle la verdad de lo que aquel individuo espetó, pero fue en ese momento que miré un par de filas delante de nuestro grupo, a un pequeño contingente de fanáticos de los Reggae Boyzz (la selección jamaiquina, no el grupo musical). Pero no fue solamente el hecho de verlos con sus jerseys verdiamarillas con negro lo que suscitó un cambió dentro de mi; vi también sus rostros y lo que ellos transmitían.

Había comprensión en los mismos—o por lo menos en los ojos mielosos del hombre de piel oscura y rastras con quien mi mirada se topó. Ellos sabían, con el entendimiento que el vox populi da, que la mayoría de los aficionados dentro del Rose Bowl estaban ululando algo no necesariamente positivo, no estaban nada más cantando una porra; estaban todos ellos gritando algo con agresión, con la valentía supuesta de la diferencia de lenguaje, con el valor que nace de andar haciendo fechorías en bola en vez de uno solo.

Así que al séptimo despeje de portería por parte del guardameta isleño, guardé silencio. De nueva cuenta al siguiente, y al siguiente. Y así hasta que terminaron los 90 minutos y venció México a su contrincante.

La realidad es que sí fui partícipe, no me puedo ocultar el ego y decir que no, que no es cierto, que yo nunca hice algo malo. Fui el aficionado número 67,432 dentro del estadio que gritó lo que la FIFA no quiere que se grite.

Y la verdad es que sí puede sonar medio hipócrita que ande metiendo las manos por la organización suiza que disque quiere limpiar el juego—en previas columnas, léalas, no se arrepentirá tanto. Esto siendo yo también culpable de lo mismo; pero la diferencia radica en el entendimiento. Que gacho y que feo que yo haya insultado al equipo nacional de Jamaica en aquella tarde fresca; sin embargo, obtuve el entendimiento suficiente para abstenerme del mismo sin la necesidad de una amonestación por escrito.

Sí, es muy fácil decir que si uno ya pecó ya no puede decir nada ni para un lado ni para el otro. Pero también hay que ver lo que sucedió y como sucedió previo a lo que está ocurriendo en la actualidad. Digo, ahí andan todos ahorita con su dios guarde por que Juan Carlos Osorio diga groserías durante el juego, mientras que por otro lado el Piojo se agarra a madrazos con Martinoli y ahí sí, que chusco, que chistoso, que curioso y pícaro es el mexicano—finalicé mi narrativa para con Don Chon.

 

“sí pues, ya sé como dice, como la película del Kubrick, la del Scartapus”—Spartacus le corregí no queriendo sonar soberbio, o mamón por lo menos—“¿pues qué dije? Scartapus es lo que dije, ya ve que sí sé”

Y sí, tiene razón Don Chon (creo yo). Que todos somos como el Espartaco. Todos hemos cometido una atrocidad moral por aquí o por allá. Tenemos una cola o un rabo que cuelga peligrosamente de nuestro coxis exponiéndose a ser pisado—me parece fue a lo que Don Chon se refería, es lo que pensé mientras me contaba que el también gritó lo mismo una vez en el estadio Jalisco.

Sin embargo, nuestra conversación fue abruptamente interrumpida al detenerse mi amigo de las piernas cortas frente a una residencia de ladrillo y de muy buen ver. Me sentí avergonzado al ser mi prejuicio expuesto de manera tan grande, ya que la sorpresa era visible en mi rostro: “¡Aquí vive Don Chon!”. En vez de sentirme alegre por un compatriota de la tierra donde nacieron mis padres, quien a base de trabajo duro logró hacerse de un honroso y bien visto hogar, lo juzgué por sus ropas y su sombrerito de campo (que haga o no haga sol siempre trae a la mano).

Ahí estaba yo, erróneamente hablándole respecto a insultos y tradición, respecto a conveniencia e ignorancia, respecto a prejuicio y malicia. Mientras que el buen y humilde hombre de negocios—de seguro al ver mi reacción—se mostraba inamovible, inmutable, callado y con la mirada rehuyendo la mía, observando el horizonte detrás de mi persona.

Me pareció que esperaba el señor mi retirada, a riesgo de tener que invitarme a pasar o algo así, siendo que me había comportado de manera poco intelectual y propia hacia Don Chon. Y fue él mismo quien me salvo de ahogarme en mi mar de prejuicios y errores.

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Hogar frente al cual se detuvo Don Chon

óra’ pues, ahí luego le seguimos”—dijo Don Chon, mientras abordaba el autobús de LA Metro que leía “91 Downtown LA – Hill – Venice”.

Y fue así que supe que Don Chon no vive en Glendale.

 

Las crónicas de Don Chon (2)

NO SE VALE (O VALE GAVER)

[Sepa el lector que el posterior texto fue escrito por el autor previo al encuentro entre las selecciones nacionales de futbol asociación de Nueva Zelanda y México, el día 21 de junio, 2017. A final de cuentas parte de lo mencionado en párrafos siguientes no parece haber sido un factor determinante; por lo menos dependiendo del medio de comunicación que siga, ya que algunos hicieron referencia a “secciones pequeñas del público” y otros omitieron el tema controversial por completo. El autor admite de igual manera una totalidad de 3,476 groserías espetadas a la fecha, una de ellas ocurrida en un estadio…]

 

Me reporté con Don Chon el otro día, después de regresar de mis viajes de trabajo, estudiantiles, políticos y anexos—diría “El Perro” Bermúdez. Me recibió como siempre el abarrotero: de buena gana; por que a final de cuentas sabe que me va a hacer comprar unas papitas y una soda.

Y luego luego (dirían en Las Bugambilias, Hermosillo, Sonora, México) de llegar e intercambiar saludos, se dispone en ponerme al tanto de lo ocurrido en la Copa Confederaciones Rusia 2017. Esto debido a que me perdí la jornada inaugural de la competencia por el viaje otrora mencionado.

Dijo Don Chon que el uso de la tecnología va a terminar de matar al juego, que Rusia sí trae selección este año, que Chichadeus metió gol y que con él nada nos faltará puesto que es nuestro pastor y salvador, que quien sabe que fregados hace Layún en la selección, que Héctor Moreno va que vuela pa’ ser el nuevo Claudio Suárez; en fin, le sale lo azteca al buen hombre.

Pero, como suele suceder, llegamos a un punto de divergencia en la conversación: “son mamadas políticas”—atestaba el hombre de negocios. Y con ese lenguaje tan colorido, mismo que si se trata de limpiar no deja un enunciado coherente y digno de ser repetido, me parecía que daba validez a sus contrarios, en vez de mostrar el por qué son (como dijo en su vocablo coloquial) mamadas.

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Don Chon Inc. LLC

Resulta que FIFA, organismo que gobierna el futbol asociación, ya está tratando de ponerle un alto a algo que—ahora resulta—es tradición mexicana y, por ende, del futbol. Y no, no voy a censurar en posteriores párrafos lo que ellos buscan censurar, por que ya todos sabemos a que nos referimos; y, encima de eso, estoy citando textualmente a los fanáticos mexicanos. Es decir: el grito de “¡Puto!” al momento de despejar el portero contrario. Mismo que ha existido, por lo menos de acuerdo al conocimiento que tengo, desde que mi padre rondaba las aulas y pasillos de la Universidad Nacional Autónoma de México (circa 1978).

Por un lado sale Juan Carlos Osorio, el hoy director técnico de El Tri, a decir que todo es un malentendido internacional y que “no significa lo que creen que significa”.

Si uno cree en la inocencia del alma humana y la belleza del lenguaje expresivo, o en Don Chon, se le podría dar el beneficio de la duda al profe Osorio. Esto debido al reconocimiento histórico y léxico que se la ha dado al pueblo mexicano en lo que respecta a su uso del lenguaje español y su creación de coloquialismos, gentilicios, apodos, regionalismos y prosopopeya. Para ejemplificar, bien sabemos que Puto—ignorantemente, históricamente—es aquel hombre homosexual quien encima de su predilección por el falo, se dice es afeminado, muestra gusto por las telenovelas, los colores chillantes y, como decía un cómico guaymense de renombre, jotear. Ahora que a un conocido quien va de mujer en mujer, dándoles cama a todas sin crear necesariamente una relación emocional, puede ser llamado Puto de igual manera; pero solo por su grupo de amigos cercanos. Y, para terminar la santísima trinidad léxica, alguien quien se echa pa’tras, que le pedalea a las promesas, quien no le entra al tiro, quien exhibe cobardía al rajarse, será también un Puto.

“Por eso son mamadas”—sentenció Don Chon, después de expuesta su defensa al Putismo—“están agarrándola contra los puros mexicanos, es nomás en contra de nosotros, las mismas chingaderas de siempre, se van contra nuestras tradiciones”.

Bueno, pueden ser las de siempre, pero ¿son chingaderas?—repliqué a mi interlocutor.

 

Sí, el mexicano y su lenguaje son muy vivos, bien dicen en los pueblos de Aconchi y Oputo que uno “tiene más salidas que un cerco agujerado”. Sí, existe el sustrato semántico que historiadores y albañiles utilizan para defender lo que le espetan a personas del sexo femenino pasándolo, según ellos, como “piropos”. Sí, Chichadeus es nuestro pastor y con él nada nos faltará.

Pero tampoco podemos hacernos pato tan duro y por tanto tiempo, como para olvidar el hecho de que, en el nexo interno de su historia, a niveles atómicos y subatómicos de su ortografía e historia lingüística, el término Puto ha sido, sigue siendo, y, hasta que termine el falocentrismo mexicano, seguirá siendo usado como insulto primordialmente, primero dios. A poco no ha escuchado antes de cada tiro, pleito, pelea o contienda, desde la primaria hasta la edad adulta, a un contrincante gritarle al otro: “¡ábrete Puto!”—le propuse a Don Chon.

Y como aparte curioso, si no es insulto o nacido como tal, entonces ¿por qué el femenino de dicho organismo es considerado como la mejor, más común y más fácil manera de agredir verbalmente a una mujer? Usualmente precediéndole la palabra pinche.

Sí, es tradición—le dije al abarrotero cuando una mujer y sus tres críos dejaron el establecimiento—pero no de las buenas, ni de futbol. Uno podría proponer, que es una tradición de insulto y violencia.

’sas son jaladas mentales”—citó textualmente Don Chon a José Ramón Fernández, uno de sus ídolos—“¿A ver? ¿A que otro país lo castigan así? es puro odio y miedo al Tri”.

Bueno, hay tradiciones del futbol que pueden ser consideradas desde universales hasta locales como lo son: los jugadores calentando en la cancha antes de iniciar el partido pero cuando los aficionados ya se encuentran dentro del inmueble, la formación lado a lado para los himnos y fotografías antes de iniciar la contienda, la hinchada caminando en unísono al estadio, el intercambio de banderines previo al partido y camisetas después de, en fin.

Pero estaríamos peligrosamente mal informados si creemos que, conforme la sociedad humana ha evolucionado a través de la historia, las tradiciones del deporte y el aficionado NO han cambiado. Se han impuesto castigos a clubes y selecciones por comportamientos y conductas antideportivas, por cánticos o conductas racistas u homofóbicas (de entrada se pueden nombrar al Chelsea FC y a la selección Rusa recientemente).

Y de igual manera en la sociedad misma, han ocurrido cambios respecto a lo que es aceptable en una interacción social. Si uno cree que es nomás en México y al mexicano, ahí si pasa de mal informado a errado—le decía a Don Chon mientras atendía sus transacciones de negocios. En Alemania la swástica y las imágenes del Nationalsozialistische Deutshe Arbeiterpartei (el partido Nazi) son ilegales por razones y motivos históricamente obvios. Mientras que en los Estados Unidos de América, la sociedad misma poco a poco llevó a un desuso público (aunque no a una ilegalización) lo que hoy es conocido como “The N-word”, ¿o sea? Nigger—esto por supuesto lo susurré dentro de los abarrotes, después de haberme asegurado que ninguna persona afroamericana se encontrara en una distancia de 5 millas a la redonda.

’ira”—comenzó Don Chon con seriedad, después de meditar lo escuchado por unos segundos al terminar mi soliloquio—“es que todos sabemos que sí es en contra de los mexicanos”.

Repitiendo de esta manera el buen señor lo que todos los “incondicionales” de El Tri dicen al ser presentados con argumentos y/o evidencia respecto a este Puto detalle. Mismo que parece preocuparles mucho más que el #gasolinazo, el incremento de inseguridad pública en cada comunidad de la república, la disparidad respecto al porcentaje de población que vive bajo el índice de pobreza (no obstante el hombre más rico del mundo, 2010-2013, fuera mexicano), la intrínseca relación de la iglesia católica con la política mexicana; en fin, prioridades de la vida.

Yo no le puedo negar a Don Chon que el señor Infantino, actual presidente de FIFA, esté ensañado contra el cántico de Puto. Así como Mr. Ch no me puede negar lo que anteriormente le expuse.

La realidad que tenemos que ver ambos dos, es que siempre existirán personas que resistan el cambio (aunque sea este percibido como positivo por un porcentaje mayoritario de la población): Sí, la nación de Alemania hizo cambios respecto a sus tradiciones patrióticas y políticas; sin embargo aun existen focos de actividad Neo-Nazi y de la extrema derecha militante. Sí, ciertos coloquialismos han visto su uso descontinuado en el habla diaria americana; sin embargo el uso privado de los mismos continúa, y de igual manera han nacido coloquialismos secretos—aunque ni tanto, ahí está Andre Iguodala (jugador de los Golden State Warriors) escribiendo en Twittermah ninja slick”, como si no supiéramos a que se refiere con ninja.

Y así nos podemos ir: la bandera de la confederación en el sur americano, la visión del chilango como sub-humano en el norte de México, el apartheid que aun causa estragos en Sudáfrica, la relegación y deshumanización social históricas del sexo femenino en Japón y Corea.

No es nada más en contra del mexicano—le dije queriendo terminar el asunto, por que luego Don Chon te hace comprar cosas que no necesitas cuando le pides el baño—y si lo es habrá que entender, o por lo menos admitir, que existe la posibilidad de que sí esté sucediendo algo que nació en la picardía, creció en la tradición y envejeció a la grosería.

O que, ¿a poco todavía se juega futbol con balón de tiento, sin espinilleras y con botas de minero porque “son tradición”? Ahí es cuando pasa el fanático de la tradición a la conveniencia.

 

Echoes of the City (2)

[Reader: Be aware that the following text contains information regarding the news heard on the radio which in itself has content of a religious and political nature. It is not a statement from the author, but rather a reaction to the news around us]

It was Wednesday morning, maybe a typical morning (maybe atypical), yet morning nonetheless. It’s just me, driving through surface streets, avoiding the morning rush of the freeways. My companion, as it usually happens, is the radio—public radio at that.

I tune in, and the morning deluge begins:

“…Southern Baptist Convention has made changes to their bibles and released what they are calling ‘The New Christian Edition Bible’ which reads differently in certain parts to become more inclusive…”

And the piece goes on. They tell us about how “at risk” the Southern Baptists are due to their congregations being almost exclusively centered in the south—hence the name—; how they need to make radical changes to their congregations to be more inclusive such as: “appointing females in leadership positions” and “banning the confederate flag” at their yearly summit.

A religious scholar is brought in and he discusses how the changes such as adding the word sisters to a passage where it reads something to the effect of: “And Jesus said unto them you are brothers”; are because they are changing an archaic idiom so that it is understood, clearly, what Jesus meant without any room for ambiguity.

I think, as I hear all of this, how I made the same observations as a young man, of how much really this supposed word of god is really “The Word of God”. So divine it is, so true and humbling and revealing that it gets edited, in a periodic constant; so that true divinity shines through the words. Although one could venture forth the idea—quite cynically—that the word is being edited, because society has expanded the relationships of individual-to-individual in a way that the words in the bible, perhaps previously edited ad nauseaum, have lost their audience of understanding.

But most importantly, remember: “the first two thousand to arrive will receive a ‘New Christian Edition Bible’ free”.

Time moves on, as do I from street-light to street-light, and so does the radio:

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“…gunman opens fire against members of congress who practiced for a baseball game against their congressional opponents…”

It would seem that those are breaking news indeed, that something like that is out of the ordinary, that some soul-searching and introspection will be required after such an event… but then again, this is what happens in the country in which I live. We had been told it is a commonplace occurrence and citizens and individuals have to be alert—lest we infringe on one another’s liberties.

Right?

But I’ve never agreed fully and blindly with those statements. Jut like I know there are others who also agree that someone standing about with a high powered rifle shooting at others is not commonplace.

Why should it be?

There was even a woman who called in, live on the radio, to relate what she saw, for she lived four houses or so down from where everything happened. But she wasn’t just a witness; she was upset at republican members of congress, saying they’ve gone into hiding—even before this had transpired—, that it was impossible to get a hold of your representative, that they weren’t holding town halls anymore, that they were beholden to special interests, that they were… I don’t know what they were, because the announcer had to cut in: “…I have to stop you there…”

And as the announcer pointedly made clear, at the time, there were no indications regarding the motivations of the alleged gunman.

Yet the whole ordeal made me remember two words from the not so distant past, but not just remember those two words—a name—, also ask a question regarding it all:

What about Gabby Giffords?

Then: it was a man, a loner, who needed mental health. Today… well, we’ve seen it… the responses seem to show a divide so deep, so entrenched that newscasters can do nothing but move on.

“…next can cheap steel be considered a National Security threat? To find out more we go…”

Finally, I have arrived.

More at eleven…

EOTC2 (2)

 

The author does not claim ownership for the radio sound bytes; they belong to his local NPR station (KPCC)

El Desierto (2)

En Afrikáans, lenguaje primordialmente Sudafricano aunque también hablado en otras regiones del cabo sur del continente africano, Die Woestyn traducido al español significa: El Desierto.

La combinación de esas palabras en lenguaje ajeno me hacen sentir un entendimiento interno del universo, por que sé—quizás asumo—que aquellos quienes han experimentado el desierto lo entienden sin distinción de idioma o de nacionalidad.

Se también que hay palabras y/o frases que causan una reacción tremenda en ciertas personas;  dependiendo el individuo es la palabra/frase y el poder de la misma. Esto quizás es una derivación del Síndrome Stendhal, también conocido como hyperkulturemia, término que engloba un numero de reacciones psicosomáticas en el cuerpo humano (mareos, hiperventilación, nausea, entre otras) al ser expuesto a un evento de gran significado personal—particularmente se ha utilizado la expresión para denominar la reacción ocurrida cuando se expone a un individuo frente a piezas de arte.

El lenguaje es arte en constante movimiento.

De igual manera lo es la naturaleza.

 

Existen otras combinaciones de palabras, en multitud de lenguajes, que de igual manera conllevan dentro de si belleza, significado, poder y reacción; se podrían mencionar: nave del olvido, en espanish por supuesto; rosen rot, en el idioma alemán; cellar door, en inglés y de acuerdo a Drew Barrymore; y, también tempus fugit o No Totti No Party! (en esperanto este último me parece).

De igual manera existen multitud de paisajes y zonas climáticas en el semi-ovoide planeta que habitamos.

Pero la belleza tan tajante del desierto, misma que refleja su despiadada naturaleza y balance volátil y frágil, es única a pesar de la cantidad de desiertos existentes. Mismos que pueden ser rocallosos, arenosos, repletos de dunas o en extensión paralela e infinita hasta el horizonte.

Sin embargo, al entrar en contacto con éste ambiente, es casi imposible olvidarle.

La enormidad del mismo sorprende a personas que nunca le han conocido; y quienes han sido criados y alimentados por su calor y aridez, llevan sus enseñanzas de por vida.

He vivido en distintos desiertos, los cuales son tan diferentes y similares, los cuales han impactado a personas europeas que he conocido ante una nada que se extiende, ante llanos áridos que no existen en sus lugares de origen. Finiquitando su experiencia con un: “es sorprendente tanta nada”—pero el desierto no está vacío.

He vivido en distintos desiertos, los cuales son tan nobles como son brutales, los cuales han impactado a personas del lejano oriente que he conocido ante el descubrimiento de una zona de muerte repleta de vida, ante la realidad de nuestra humanidad contrapuesta sobre la naturaleza que nos domina. Sentenciando sus experiencias con un: “como pueden vivir aquí las personas”—pero el desierto no está vacío.

Y he conocido a aquellos quienes también le conocen, le han conocido y no le olvidan. Como todos quienes lo experimentan momentáneamente son condenados a no olvidarle, a soñar que no deberán ser condenados a una vida árida y solitaria, donde incluso la vecindad de otros puede sentirse como penitencia.

Todos ellos han llenado los vacíos desérticos posibles, sus vivencias y sus memorias se mezclan con la temperatura, sudor y arena.

Pero para quienes conocemos sus arenas, sus topografías, sus temperaturas y accidentes terrenales; nos parece algo tan íntimo, tan propio, tan nuestro y tan común. Como la vida y la muerte que se esconden en el paisaje y en sus arenas… mismas que cuentan los segundos de nuestra existencia y nuestro universo.

En honor a los recuerdos… (2)

Este fin de semana hubo eliminatoria mundialista, encuentros amistosos y todo aquello que le gusta a los fanáticos del futbol asociación (soccer). Lamentablemente, coincide con que sea el final de temporada de las ligas europeas y americanas (exceptuando la MLS).

Todo esto da un pequeño aparte para que los aficionados recuerden los motivos de por qué es que gustan de este deporte y hagan introspección respecto a la pasión que tienen respecto a sus equipos predilectos.

Cosa que yo hice hace algún tiempo, en otra plataforma y—quizás—para otro tipo de público. Pero no hay problema, aquí va de nuez para que nos vayamos conociendo:

http://www.la-chicharra.com/?p=4308

The desert

I guess the reality of it all, or the perceived reality of each individual rather, will be determined by the person who you are internally before you are exposed to any type of outside forces. I’m not sure if something of that nature would be an actual possibility—developing internally first, without any outside influence—under the current laws of the universe, but it does sound like something which could be interpreted as correct.

I don’t believe that I’m an individual who is worthy of praise or who has not encountered mistakes or failings in his life—as a matter of fact I know of my multiple imperfections. I know that I’ve been wrong in the past; that I’ve been unworthy or unkind or perhaps plain evil; that I’ve felt envy or selfishness; that I’ve lusted both sexually and in gluttony; that I perpetuated stereotypes and used derogatory words; and, that I’ve believed in beings or ideas or things to be true without factual evidence, confirmation and without questioning—frightening, I know.

But what I take out of it is that, even if it took me over two decades, I can accept and understand that I was wrong and point to the reasons why I was wrong. I can admit it to myself and as well I should. As a matter of fact, said admissions and acceptance should be a requirement in the betterment of anyone who believes in evolution, both biologically and of ideas and civil discourse.

The questioning of self and the idea of the question: “what can I do so that tomorrow is a little better?”, grew in me to include more and more of the outside world with each passing day and each new iteration of the question. I never thought profoundly of “my little grain of sand” nor of all the things I could do differently as a child, then as a teenager and as an adult, so that future generations would have long lives of plenty and opportunity. So does that effectively prevent one from wondering about it now? Do the years that I spent in the wrong effectively nullify whatever good I may do? (Or anyone else for that matter)

Some may think it does.

I’m not so sure about it either way. The only thing I can say is that although I’m aware of some of my past and present failings, I don’t deny them, I don’t attempt to hide them—though I don’t offer them instantly either. At the same time, I’m not cynical enough as to fall in the belief that I can now, because I moved away from my past erroneous self, be a beacon for others and not only save but change the world for the better. Contrary to that, I am actually firmly grounded on the belief that I will neither change the world nor be a leader of change.

That doesn’t, in my opinion, mean that good can’t still be attained. Though I may not sprout change from the rock, I may still affect those—or just one, because one is all it takes—who will be better than I, who will make the world and life safe, lasting and plenty for all.

It could happen, it is a possibility. But it is fickle—more and more with each passing day, huh?

I don’t understand how some can ignore when facts and actions show the dangerous course traced by our decisions (sometimes the decisions of others); at the same time I don’t understand why it is that it afflicts me so whenever I learn of said actions or decisions (those of others).

I don’t understand the reasons of why I am, but still I continue to be. I may not fully understand said reasons, or maybe I will understand the reasoning of my being and the purpose of my self later in life—much, much later. Maybe some day it will be revealed to me why I care for the news I care, why I react in one language to certain feelings and why in a different language to other types of feelings and/or events; why it is that I enjoy the continuous search for understanding in some matters while, after a cursory introduction, I completely lose interest in others; why I hurt when others laugh or why I laugh when others anger.

But again, I’m not unique and all of the aforementioned is not unique to me. Those are things that are (like gravity, like the universe), whether they have my understanding or not.

At the end of the day, just like many others before me, it’s all about the decisions we make and how we live—and learn—with our mistakes and the mistakes of others. Hopefully not embattled, but evolving…